Belén Cortés, miembro del Movimiento de Apostolado Familiar San Juan de Ávila, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario.

Comentario al evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario
"Es el Dios de la Vida, en cada pálpito va conmigo" FANO

Una pregunta capciosa por parte de los saduceos dio ocasión a Jesús de enseñarles algo más profundo, abriéndoles los ojos a la verdad y a la vida en Dios. Jesús no contemporiza ni descafeína su mensaje; en esta ocasión, se trataba de la Resurrección, tema de desacuerdo.

En este mes de noviembre en el que tenemos tan presentes a los difuntos, los cristianos debemos poner en valor nuestra fe en la Resurrección. Los saduceos -como tantos hoy habían perdido algo esencial y central de la fe. ¿No hemos confundido un poco el concepto de la Resurrección en esta cultura posmoderna, globalizada y tendente a enfocar la fe como si se tratase de una religión a la carta? Se nos olvida que la vida que nos ha dado Dios es eterna. Y esto le da una perspectiva diferente a nuestros
problemas y relaciones. Esta fe en el Dios de la vida nos impulsa a no tener miedo, no vivir esclavos o escondidos en los pequeños mundos, sino a vivir integrando esta dimensión espiritual y trascendente.

Con los ojos puestos en el más allá debemos comprometernos con el más acá con mayor responsabilidad, verdad y justicia. Más que preocuparnos de la muerte, deberíamos ocuparnos
de cómo estamos viviendo la vida. Es ahora donde jugamos en primera división, definiéndola, midiendo y cuidando que nuestros actos sean de vida y a favor de ella, y no de muerte. ¿Cómo estamos comunicando este mensaje de vida en abundancia en nuestra vida cotidiana?