El 3 de julio de 1976, la parroquia de Santa Catalina mártir, de Vilamarxant (Valencia) se engalanaba para celebrar la ordenación sacerdotal de D. Jesús Catalá, obispo emérito de Málaga. Quien pastoreó esta diócesis desde 2008 a 2025 celebra este año sus bodas de oro sacerdotales.
- ¿Cómo recuerda usted su ordenación sacerdotal?
Mi ordenación sacerdotal la recuerdo con alegría y con agradecimiento al Señor, que me llamó a seguirle y a servirle en el ministerio sacerdotal.
La ordenación se celebró en la parroquia de mi pueblo natal, Vilamarxant (Valencia), donde había recibido todos los sacramentos de la iniciación cristiana, había vivido la fe desde pequeño y había ejercido también como monaguillo. Todo el pueblo estaba gozoso por esta ordenación de un paisano suyo.
También recuerdo cierto temor de no dar lo mejor de mí mismo o de serle infiel a Dios en lo que me pedía; porque mis compañeros de estudios habíamos tenido la dura experiencia en los últimos años de Seminario al ver a varios de nuestros profesores, superiores y directores espirituales que abandonaron el ministerio sacerdotal; por eso íbamos a la ordenación conscientes de nuestra fragilidad y con cierto temor.
Mi generación llegó a la mayoría de edad justo en la época de la revolución cultural y social del llamado del mayo francés (1968), con las reivindicaciones de ciertos derechos; y éramos conscientes de estar inmersos en ese ambiente. Fuimos, pues, una generación crítica con nuestros educadores y con las instituciones; pero al mismo tiempo con muchos deseos de aportar lo mejor de nosotros a la sociedad y a la Iglesia para mejorarlas.
- ¿Cómo ha influido su orden sacerdotal en el ejercicio de su ministerio episcopal?
La influencia de la ordenación sacerdotal en mi ministerio episcopal ha sido fundamental, porque ambos son dos grados del mismo sacerdocio y van unidos, siendo el episcopado plenitud del sacerdocio.
Lo más importante, como dijo el papa Juan Pablo II, es el ministerio sacerdotal, que actúa en representación de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Cabeza y Pastor de la Iglesia. Esa era mi vocación fundamental; y el ejercicio del sacerdocio ministerial configuró toda mi vida.
El Señor me condujo por diversas experiencias, que fueron modelando mi entrega y enriqueciendo mi vida sacerdotal. El último destino antes de la ordenación episcopal fue mi servicio a la Santa Sede en Roma, colaborando con el papa Juan Pablo II en la Secretaría general del Sínodo de los Obispos, donde pude conocer y amar a la Iglesia universal desde la mejor atalaya posible.
Esta experiencia fue determinante para poder asumir el ministerio episcopal, porque me ayudó a ver la realidad eclesial desde dentro y con una mirada amplia y universal.
- ¿Cuál es su acción de gracias a Dios?
Al cumplirse los 50 años de ministerio sacerdotal nace una acción de gracias desde lo hondo de mi corazón. El Señor me llamó para servirle en el ministerio y me fue conduciendo según sus planes, que, ciertamente, no eran los míos. Siempre había soñado con ser cura de parroquia; pero solo estuve dos épocas cortas de párroco, que también enriquecieron mi experiencia pastoral y me ayudaron a configurarme con Cristo-Sacerdote.
Doy gracias al Señor por su llamada al sacerdocio desde mi más tierna infancia; por haber nacido en una familia cristiana; por las personas que puso en mi camino en el período de formación; por las comunidades cristianas a las que he servido sacerdotalmente; por las grandes figuras de papas que he conocido; por las diócesis donde he ejercido el ministerio sacerdotal (Valencia, Roma, Alcalá de Henares y Málaga); por los sacerdotes que el Señor ha puesto en mi camino como hermanos y colaboradores; y por los hermanos en el episcopado con quienes he compartido los retos, las esperanzas y los problemas eclesiales durante mi pontificado.
Podría seguir enumerando personas, instituciones, cargos y lugares por los que doy sentidas gracias a Dios; pero se alargaría mucho esta intervención.
Muchas gracias a quienes me habéis solicitado esta entrevista y a quienes le escucharán o leerán, a los que pido que se unan a mi acción de gracias. A todos, un cordial saludo
