El 26 de julio del año pasado abría sus puertas la Casa de la Esperanza en unas dependencias en desuso anejas a la parroquia de Ntra. Sra. de las Angustias, en la barriada malagueña de El Palo. Tras su primer año de vida, este recurso para personas en situación de calle ha ofrecido acompañamiento a 120 de ellas.

«Hemos pasado de la angustia a la esperanza»

Lo que comenzó como una iniciativa personal de algunos hermanos de Emaús de la parroquia de las Angustias que colaboraban con Cáritas, al final se ha convertido en un proyecto parroquial que aúna el trabajo y las aportaciones de decenas de socios y voluntarios, así como de diferentes entidades sociales comprometidas con el proyecto. 

Fernando Ortega, el presidente de la Asociación Casa de la Esperanza, que ofrece, entre otros servicios para personas sin hogar, duchas, espacios de descanso con aire acondicionado en verano y calefacción en invierno, lavandería, café, wifi o enchufes para cargar los móviles, afirma que el balance de este primer año es muy grato: «Gracias a Dios, yo creo que el proyecto ha tomado un cariz muy bonito porque, como nos gusta decir a nosotros, hemos pasado de la angustia a la esperanza. Somos una parroquia con puertas abiertas, una parroquia que se abre al más pobre de todos los pobres, al que está tirado en la calle y que nadie o casi nadie repara en él». 

La labor que se realiza con los “hermanos” (palabra que usan en la asociación para referirse a las personas atendidas en lugar del impersonal “usuarios”), va más allá de la mera ayuda asistencial, y se intenta trabajar con ellos de forma integral, acompañándolos con la ayuda de trabajadores sociales, médicos, psicólogos y abogados para lograr revertir su situación de calle y reconstruir sus vidas. 

«Somos una parroquia con puertas abiertas, una parroquia que sea abre al más pobre de todos los pobres, al que está tirado en la calle y que nadie repara en él»

Como señala Ortega, «aunque los números son un poco fríos, es importante darlos para rendir cuentas del trabajo que hacemos. En este año, por ejemplo, hemos ayudado a siete personas a que den el paso de salir de la calle y que estén en una situación más o menos estable, porque hayan encontrado una vivienda o porque estén en un centro de recuperación. En total, hemos realizado 5.000 intervenciones a un número de 120 personas a las que acompañamos. En torno a una decena de ellas ha encontrado un empleo. Aparte de las cifras, nosotros nos quedamos sobre todo con sus caras, con sus historias». 

Tras su primer año de vida, el proyecto pretende seguir creciendo, «acabamos de incorporar a una trabajadora social a media jornada para que nos ayude, pero nos sigue haciendo falta mucha ayuda. Necesitamos voluntarios para las rutas diurnas, para acompañar a estas personas y escucharlas, para ayudar en la casa, para trabajo administrativo o de redes sociales, para asistencia médica, psicológica, psiquiátrica o jurídica... Y también, por supuesto, ayuda económica, para lo que ofrecemos el enlace a nuestra web (casalaesperanza.es/colabora/) a través del cual contribuir con un donativo puntual o periódico».