Texto íntegro de la semblanza del sacerdote D. José Melgar del Valle leída en su Misa corpore insepulto.
SEMBLANZA DEL SACERDOTE DON JOSE MELGAR DEL VALLE
“Bendito sea Dios, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes. Él nos eligió en la persona de Cristo, para que fuésemos santos ante él por el amor” (Cf. Efesios 1,3-5)
Cuando en nuestro presbiterio de Málaga continuamos con el “corazón dolorido” por las recientes pérdidas de algunos queridos hermanos sacerdotes, nos ha llegado la noticia de que Don José Melgar, que Pepe o Pepillo Melgar, como lo conocían sus amigos y compañeros de ministerio, ha partido a la Casa del Padre, ha fallecido en el día de ayer.
Pepe vino al mundo en Ronda en noviembre de 1943, hijo de José e Isabel, en plena postguerra, en aquella época tan dificil para todo nuestro país. Y como entonces era costumbre, a los pocos días de vida recibió las aguas del bautismo en la parroquia del Socorro de la Ciudad del Tajo.
Siendo un chavea, y presentado por don José Parra como párroco de Santa Cecilia llega en 1954 a nuestro Seminario. Allí cursa sus estudios, siendo de esa generación de alumnos que comenzaron en la casa que don Manuel González había hecho en el Camino de los Montes para terminar sus estudios en Granada, en la Facultad, donde nuestros seminaristas fuero a formarse de la mano de las reformas del Concilio.
En mayo de 1975 y junto a otro sacerdote rondeño, Rafael García Navarro, reciben su ordenación de manos de don Ramón Buxarrais en el Convento de las Clarisas de Antequera, en la Iglesia de Belén de la Ciudad del Torcal.
Las parroquias de Antequera fueron el lugar de sus primeras colaboraciones, que se fueron sucediendo durante sus primeros años de ministerio: Fuente Piedra, Humilladero, Estación del Chorro y Álora, como vicario parroquial. Todo eso, hasta 1977 cuando llega a la Estación de Cártama, en concreto a La Campiña, parroquia que empezó a ver sus desvelos pastorales.
Después, pasó a la vecina Churriana, donde los entonces jóvenes feligreses lamentaban ayer su fallecimiento, pues grande fue el impulso que la presencia de Pepe dio a esa parroquia y a toda la barriada. Y donde también sostuvo otra de sus vocaciones, la de ser profesor de religión en los institutos cercanos, labor que ocupó un par de décadas de su vida sacerdotal. Como ayer recogía nuestra web, quienes lo conocieron destacan de él que «hacía una labor estupenda con los alumnos y más aún con los difíciles». Hermoso e importante trabajo con los jóvenes, que no siempre se valora lo suficiente
Finalmente, su última etapa en activo la vivió en la zona de expansión de la capital, en la zona de las Pirámides, donde la parroquia del Salvador conoció de su buen hacer ministerial hasta su retirada, cuando los achaques de las enfermedades comenzaron a llamar a su puerta.
Tras su retiro, vivió tranquilo y prestando alguna colaboración cuando asi se le pedía hasta que esas enfermedades lo llevaron a vivir en la Residencia de El Buen Samaritano, en compañía del obispo que lo ordenó y del grupo de hermanos sacerdotes que residen allí. De allí salió hace unos días, y su familia junto al personal de la residencia han sido testigos del declive final de su salud. Gracias por esos cuidados y por ese amor con el que habéis acompañado a este hermano hasta su partida, hasta el final.
En manos de Cristo buen Pastor ponemos tu vida y tu ministerio, Pepe, para que te haga gozar de las verdes praderas de tu Reino. Y para que desde ahí sigas pidiendo por tus familias, la de sangre y la de fe, que hoy queremos encomendarte al buen Padre Dios.
Descansa en la Paz del Señor, hermano.
