Artículo de Tomás Salas, postulador de la causa de la Señorita Laura Aguirre, en el 125 aniversario de su nacimiento.

Laura Aguirre: la elegancia como virtud cardinal
La Señorita Laura con su toquilla

En cada santo la gracia actúa sobre sus cualidades personales (gratia supponit naturam) que son muy diversas,  pues los santos constituyen un grupo de lo más heterogéneo. En el caso de Laura Aguirre quiero hablar de una cualidad que seguro no ha sido muy destacada en los escritos hagiográficos: la elegancia. Todos los que la trataron recuerdan  y destacan su distinción, su constante amabilidad y dulzura en el trato, al mismo tiempo, cierta distancia y seriedad que hacía imposible cualquier campechanía o broma; su corrección en el vestir y actuar. Todo eso lo podemos llamar elegancia.

Sin embargo, era una persona totalmente ajena a la presunción, que trataba a todo el mundo, igual a los más distinguidos que a los más humildes. No solía hacer referencia a sus orígenes familiares ni  a sus estudios. Por otro lado, en el vestido y el arreglo su austeridad era rigurosa. Siempre el mismo recogido en el pelo y la ropa de una discreción total. Aprovechaba todas las prendas; las cuidaba, zurcía y repasaba con sumo cuidado. Siempre se negaba a comprar ropa. Cuando los zapatos, permanentemente limpios y lustrosos, estaban tan deteriorados que presentaban boquetes en las suelas, los reparaba cuidadosamente con cartones.

Se cuenta la anécdota de que, un día de lluvia, subiendo Laura al tren para Málaga, un señor de Álora observó cómo los cartones se habían disuelto con el agua  y su calzado mostraba un aspecto lamentable;  ofreció a Laura dinero  para que se comprase unos zapatos. Seguramente, ella dio otro fin a esta donación.

En los momentos de mayor estrechez, evitaba comer para dejar comida para sus niñas y luego se comía el sobrante, según el testimonio de una cocinera. Ésta recuerda como se comía una alita del pollo o el trozo de naranja pocha, pero usando los cubiertos con una corrección digna de un restaurante  de lujo.

A pesar de esa sencillez, de esa pobreza en su atuendo, la Sierva de Dios siempre dio sensación de una pesona distinguida. De hecho, es curioso que el apelativo de Señorita, que comenzó a recibir en Álora desde el primer momento, se haya mantenido hasta hoy.

En las fotos suyas que conservamos tiene una especial distinción,  a pesar de su delgadez y el deterioro, secuela de una vida de duros trabajos e intensas preocupaciones. Su prenda favorita era su toquilla de punto,  que se envolvía con un garbo especial. Conservamos una foto con dicha prenda, su famosa toquilla morada, que se guarda en su museo como una reliquia.

Si no depende de lo externo y lo material, podemos considerar, en este caso, la elegancia como una actitud íntima, personal, que emana de la propia personalidad y, en el trato cotidiano, llega a los demás. Transmite a los demás orden, belleza, serenidad, armonía. La elegancia como todo lo humano tiene una dimensión moral en la medida en que influye en la actitud con respecto a uno mismo y a los otros.

En el caso de la Sierva de Dios Señorita  Laura, ¿podríamos decir que la elegancia fue una virtud? Si se me permite la broma, la quinta virtud cardinal.

Tomás Salas, postular de la causa de la Señorita Laura