El 23 comenzaron la celebración con un triduo en honor a los santos abuelos de Jesús.
La parroquia de Santa Ana y San Joaquín, situada en la barriada de Nueva Málaga, celebró el pasado 26 de julio la fiesta de sus titulares, los santos abuelos de Jesús, los padres de la Virgen María.
El triduo comenzó el jueves 23 de julio, coincidiendo con el día de santa Brígida. «Este día fue dedicado especialmente a los grupos, movimientos, realidades parroquiales y a la Hermandad de Nueva Esperanza. En este día se enfatizó en la diversidad de carismas que nacen de una única vid, Cristo. El párroco, Juan Pablo Jiménez, señaló que cada uno de los grupos y realidades no son independientes y que cada uno de ellos tiene sentido únicamente si deja que sea Cristo quien viva y actúe en él. Todo esto, además, en el marco que nos daba Santa Brígida, mujer que dejó que Cristo transformara toda su vida», explica Paula Arranz, feligresa de la parroquia.
El segundo día del triduo, el 24 de julio, se tuvo en cuenta, de forma especual, «a los comercios, asociaciones y vecinos del barrio de Nueva Málaga, porque la parroquia no se limita a sus paredes, sino que se abre al barrio entero, ya que Dios no abandona la ciudad. En medio del trigo y la cizaña, del bien y del mal que conviven en un barrio, el Señor sigue sembrando esperanza. La parroquia no existe para encerrarse en sí misma, sino para ser presencia de Dios en las calles de Nueva Málaga, acompañando la vida cotidiana de quienes trabajan, compran, educan, cuidan y conviven», añade Paula.
El triduo finalizó el 25 de julio, día de Santiago Apóstol. «En este día, la Hermandad de Nueva Esperanza juró sus nuevos cargos en la Junta de Gobierno, recibiendo cada uno de ellos, no un honor, sino una misión».
Y llegó el día de la fiesta, el 26 de julio, que se celebró con gran alegría y fiesta con sabor andaluz. «Santa Ana y San Joaquín apenas ocupan unas líneas en la tradición de la Iglesia y pueden parecer poco importantes, sin embargo, recibieron una misión inmensa: transmitir la fe a María. Ellos nos recuerdan que las obras más grandes de Dios suelen comenzar en lo pequeño: en una familia, en un hogar, en quienes viven la fe con sencillez y la entregan a la siguiente generación», expresa Paula.
En esta fiesta se recordó con gratitud a D. José María, primer párroco de esta comunidad, el cual da nombre a la plaza donde se sitúa la parroquia. «Ha dejado una huella imborrable en muchas personas del barrio de Nueva Málaga que nos hizo mirar, no solo hacia atrás, sino también hacia el futuro. El párroco nos lanzó la pregunta de qué huella dejaremos nosotros».
Las fiestas de la parroquia concluyeron con la tradicional verbena en la que participa toda la comunidad parroquial y el barrio de Nueva Málaga.
