El catedrático emérito de Fisiología Humana de la UMA, y Neurofisiólogo, Salvador González Barón, reflexiona en esta entrevista sobre un tema de actualidad, el del dolor en la etapa fetal del desarrollo humano. El que fuera decano de la Facultad de Medicina ha dedicado décadas de estudio a diversos aspectos del sistema nervioso y es un gran divulgador sobre el tema del dolor, desde un punto de vista neurofisiológico y antropológico, impartiendo numerosas conferencias en toda España.
¿Qué es el dolor?
El dolor es una experiencia o vivencia sensorial, afectiva desagradable, asociada a una lesión tisular, real o potencial que se describa en términos de dicha lesión. Así está definido por la Sociedad Internacional del Estudio del Dolor desde el año 1979. Pero no es una adecuada definición que responda a la realidad del hombre, puesto que el dolor humano propiamente dicho no es simplemente una “reacción mecánica” a unos estímulos. Dado que el hombre es persona, poseedor de una gran dignidad que le confiere una serie de propiedades muy singulares, el dolor humano es una experiencia muy compleja sensorial, afectivo-emocional y en cierto grado cognitiva, que compromete a toda la persona, en la que se integra la experiencia acumulada de la vida de una persona que da sentido y evalúa sus circunstancias otorgándoles una significación y valor.
Desde un enfoque antropológico plantea preguntas existenciales al sujeto que lo sufre, especialmente en cuanto al porqué y al sentido de esa vivencia.
Pero también entiendo que hay un componente subjetivo, porque no todo el mundo sufre el dolor de la misma manera.
Efectivamente, el dolor es una respuesta fundamentalmente subjetiva. En todo caso muy variable de un sujeto a otro y muy modificable, aún en el mismo sujeto, por circunstancias muy diversas. Eso explica que no sea posible hacer una cuantificación directa del grado de la percepción dolorosa. Para ello se recurre a valoraciones indirectas, analógicas.
La complejidad de la respuesta neurofisiológica del dolor se explica por la existencia de diferentes componentes que la conforman: sensoriales, afectivos, autonómicos y cognitivos.
Y esa complejidad se explica también por el gran número de factores que la pueden modificar: factores genéticos, emocionales, educativos, sociales, culturales, de localización geográfica. Así como la modificación por el aprendizaje y por los significados que puede tener para cada persona en momentos y circunstancias concretas
«Antes de que se constituya la corteza cerebral que está en torno a las 27 o 28 semanas de gestación, el dolor se percibe y hay incluso observaciones que muestran que se percibe el dolor alrededor de las 22 semanas, incluso antes en algunos casos»
Las investigaciones sobre el dolor fetal han avanzado mucho en los últimos años. ¿Cómo se ha desarrollado?
Aunque hace décadas era una cuestión aceptada que el feto no tenía dolor, se ha ido disponiendo desde entonces de mucha información. En la década de los 70 la ecografía supuso un gran avance en el estudio del feto. El famoso ginecólogo americano Bernard Nathanson, que realizó miles de abortos en su vida profesional, haciendo una visualización de un aborto real mediante ecografía y la filmación de una película en un feto de 12 semanas abortado mediante succión, fue consciente de la atrocidad que venía practicando, y acabó como cofundador de la Asociación Nacional para la Derogación de las leyes del Aborto. A raíz de su experiencia, otros ginecólogos e investigadores, a partir de los 80, con el avance de la fisiopatología y medicina fetal, con nuevas técnicas de estudio, establecen como conclusión la existencia real del dolor fetal.
Se considera al Dr. J.K.S. Anand, pediatra y neonatólogo indio, el pionero en el estudio del dolor en prematuros. Trabajando en el Hospital John Radcliffe de Oxford del Reino Unido, en los años ochenta, descubrió que los recién nacidos prematuros se operaban con relajantes musculares, pero sin anestesia, por la falsa creencia de que no sentían dolor por la falta de desarrollo de su cerebro. Comprobó que esos prematuros operados sin anestesia mostraban una respuesta al estrés tres veces mayor que el adulto, sometido a la misma cirugía. Lo que no observó en los prematuros tratados con anestesia.
Respuestas similares se han observado en fetos de 20 semanas y de mayor edad, como consecuencia de aplicación de técnicas de exploración intrauterina como la amniocentesis. Evidentemente, no podían quejarse, ni gritar, pero sí se obsevaban modificaciones orgánicas y funcionales características, comparables a las observadas en prematuros: elevación de la frecuencia cardiaca, y aumento considerable de la frecuencia respiratoria, con movimientos corporales bruscos. Y al mismo tiempo elevación en sangre de los valores de hormonas relacionadas con el estrés intenso, como la adrenalina y el cortisol.
¿Y cuándo podemos establecer entonces el inicio del dolor en el feto?
A lo largo de los años se ha llevado a cabo un estudio riguroso para dilucidar cómo y cuándo se lleva a cabo la diferenciación y desarrollo del sistema nervioso humano. Presenta una gran dificultad metodológica indicar con precisión el momento de la formación de diferentes estructuras y su papel funcional. No obstante, disponemos de una información fiable fruto de una encomiable tarea de estudio e investigación que ciertamente no ha llegado a su final.
El desarrollo del sistema nervioso en el hombre es un proceso lento, que se produce a velocidades diferentes según las etapas vitales. Comienza en la concepción y no cesa hasta la muerte. En la fase intrauterina, el desarrollo del sistema nervioso fetal se inicia en la tercera semana de gestación y se continúa mediante procesos secuenciales de alta complejidad hasta el nacimiento. Pero en concreto el cerebro fetal se inicia muy temprano, casi a la vez que el latido cardiaco, en torno a los 22 días después de la concepción.
Los primeros indicios de aparición de estructura nerviosa periférica que más tarde se han podido identificar como receptores-nociceptores ocurren en torno a la sexta o séptima semana. Después se forman las fibras nerviosas que a lo largo de las semanas van madurando o creciendo, y ya para la semana 10 a 12, pueden transmitir señales. No se puede afirmar con certeza que sean ya las señales específicas del dolor, que transmiten las fibras nociceptivas. Esta capacidad se reconoce más claramente de la semana 18 a 19. En semanas anteriores, entre las 12 y 15, se ha formado una estructura nerviosa, denominado tálamo, cuyas neuronas van a desempeñar una importante función en el procesamiento del dolor, antes de ascender a la corteza cerebral. Hacia la semana 24 de gestación, se identifica la fecha en que se lleva a cabo la conexión con la corteza cerebral, cuyo desarrollo se completa hacia la 27 semana.
Hay quien defiende que es imposible que el feto tenga dolor hasta la semana 30 porque no está establecida aún la corteza cerebral
No es verdad, porque no hace falta que la corteza cerebral esté intacta para procesar el dolor y lo que conlleva el dolor de respuesta afectiva o emocional desagradable. Y es que hay otras estructuras debajo de la corteza, regiones subcorticales, que procesan esas emociones, concretamente ciertas áreas neuronales que reciben el nombre de circunvolución cingular. Hay observaciones en personas adultas que han tenido accidentes de circulación y que han perdido parte de la corteza cerebral específica, donde se procesan estas informaciones, que perciben el dolor, aunque hayan perdido la capacidad de localizarlo con precisión. Por tanto, antes de que se constituya la corteza cerebral que está en torno a las 27 o 28 semanas, el dolor se percibe y hay incluso observaciones que muestran que se percibe el dolor alrededor de las 22 semanas, incluso antes en algunos casos.
«En fetos incluso a término, y en niños recién nacidos, y de pocas semanas, no se ha desarrollado todavía un sistema capaz de llevar a cabo permanentemente un control, o inhibición del dolor que se denomina sistema endógeno de control eferente del dolor»
En sus charlas suele hablar, además, de la carencia en los fetos de un inhibidor del dolor que sí tenemos los adultos.
Está descrito que en fetos incluso a término, y en niños recién nacidos, y de pocas semanas, no se ha desarrollado todavía la existencia de un circuito nervioso, un sistema capaz de llevar a cabo permanentemente un control, o inhibición del dolor. Lo que se denomina sistema endógeno de control eferente del dolor. Es como un circuito de retroalimentación negativa. Cuando se produce un estímulo nociceptivo, la misma información que asciende hacia regiones más altas del sistema nervioso, va produciendo a niveles subcorticales, en el tronco de encéfalo, activación de neuronas que van a inhibir de forma descendente la entrada y ascensión de la información dolorosa. Es un sistema de control muy eficaz; a medida que entran las señales dolorosas provocadas por cualquier agresión, existe un mecanismo descendente desde zonas elevadas del tronco del encéfalo que se dirigen hacia las regiones de entrada del dolor bloqueando su entrada. Si no se dispusiera de ese sistema de control inhibidor descendente, nuestra vida sería mucho más “incómoda”, por decirlo de alguna manera. Estaríamos sometidos a muchos más dolores, que estarían provocados por estímulos ocasionados en la vida diaria.
¿Podemos decir entonces que el feto no solamente sufre dolor sino que, en determinadas etapas, puede sufrir más dolor que un adulto?
Sufre más, efectivamente. Esta es la conclusión de las observaciones que he comentado. Sufren un dolor mucho más intenso que los adultos.
Por lo que actualmente conocemos, el dolor fetal es una realidad incuestionable. Como la existencia de dolor fetal en el aborto quirúrgico. Hay evidencias científicas sólidas de su existencia. Lo que resulta más imprecisa es la fecha exacta en la que se puede afirmar que comienza la percepción del dolor por el feto, aunque las cifras manejadas están entre las semanas 18 y 22.
De acuerdo con el Dr. J. Tudela, en publicación reciente, la dignidad del ser humano, por tanto del feto, no depende de sentir dolor, o no. Por eso la discusión ética del aborto, que es la destrucción de una vida humana en desarrollo, no se puede limitar a determinar si el feto siente dolor o sufre, o no, durante su realización… La vida humana posee un valor intrínseco y una dignidad inviolable en cualquier etapa de su desarrollo, desde el momento de la fecundación hasta su fin natural.
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NOTA DE LA REDACCIÓN: El 96% de los abortos realizados en España en el último año con datos completos (2024) se hicieron antes de la semana 14 (101.600 casos). Un 4% entre la semana 15 y 22 (unos 4.300 casos) y un 0,15% más allá de la semana 23 (160 casos). FUENTE: Ministerio de Sanidad
