Del 1 de septiembre al 4 de octubre, la Iglesia universal celebra el Tiempo de la Creación que tiene este año como lema "Agua viva". Se trata de un período ecuménico de oración y acción para renovar la relación con Dios, con los demás y con la creación al que, desde la Plataforma Laudato si de Málaga, se invita a participar de forma especial, comenzando con la celebración de la Eucaristía del viernes 4 de septiembre.
La parroquia de San Fernando (en la barriada de El Consúl) acogerá la Eucaristía por el Cuidado de la Creación que se celebrará el viernes 4 de septiembre, a las 20.00 horas. Desde la Plataforma Laudato si invitan a participar para «celebrar el Tiempo de la Creación, agradecer los dones de la Tierra y renovar nuestro compromiso con la Casa Común».
El papa León XIV, en su Mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026, que pueden leer íntegro en este enlace, explica que «en esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita una vez más a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador. Actualmente, estamos siendo testigos de múltiples crisis y de un gran sufrimiento humano. Al mismo tiempo, pareciera que la alteración del equilibrio armónico de la creación se está acelerando. Estos fenómenos no están disociados; son una única apelación por la sanación y la paz que brota de un mundo herido».
Y hace una invitación a imaginar «un mundo en el que los esfuerzos que actualmente se invierten en la guerra fueran dirigidos al desarrollo humano integral, al combate de la pobreza, a la protección de la dignidad humana y a la reconciliación de la gente que está dividida. Un panorama así refleja la fe en la venida del Reino de Dios. Los auténticos instrumentos para la construcción de la paz no son las armas destructivas, al contrario, lo son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Sólo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo».
