Miguel Ángel Gamero (Cortes de la Frontera, 1974) es el responsable de la nueva Vicaría del Área Metropolitana de Málaga. Por número de habitantes (600.000) es la más extensa, agrupando a uno de cada tres diocesanos. Aun así, emprende con ilusión su tarea de escuchar a todos y acompañar especialmente a los sacerdotes.

«Málaga es una gran ciudad y Dios habita en ella»
Miguel Ángel Gamero en el patio del Obispado

¿Cómo recibió la noticia?  

Me convocó D. José Antonio a que nos viéramos y, sin muchos preámbulos, me preguntó si estaría dispuesto a asumir este servicio en la diócesis, a lo que yo respondí que sí. Me sorprendió mucho, fue muy impactante, porque estaba en otras tareas y no esperaba un nombramiento de este tipo. La primera pregunta que surgió fue: «¿por qué a mí?»; y enseguida, la segunda: «Señor, ¿qué quieres de mí?». 

¿Cómo es su vicaría?

Cada una es distinta porque son zonas geográficas con características sociales muy diferentes. En mi caso, como vicario del Área Metropolitana de Málaga, hay que decir que la capital es ya una gran ciudad y “Dios habita en la ciudad”, como nos recuerda el Documento de Aparecida. Por lo tanto, tenemos que dar una respuesta como Iglesia a esos interrogantes que tiene muchísima gente y, sobre todo, algo fundamental que es el servicio que todos prestamos como Iglesia en medio de la ciudad. Mi labor como vicario será acompañar a los sacerdotes y laicos de esta vicaría en esta labor.

¿Cómo implementar la sinodalidad en su vicaría? 

Aquí se está trabajando ya muy bien. La Asamblea Diocesana fue un balón de oxígeno para todos, donde pudimos vernos y compartir la alegría de ser cristianos y poner en común lo que habíamos reflexionado. Ahora nos tenemos que centrar en hacer un Plan Pastoral que realmente nos ayude a todos los cristianos a fortalecer nuestra fe y, sobre todo, a ser misioneros y anunciar el Evangelio a todos aquellos hermanos que no lo conocen. 

En su viaje a España, el Papa ha hablado mucho de escucharnos. ¿Qué papel va a ejercer en ese sentido? 

La primera clave que nos dio el Obispo sobre nuestra tarea como vicarios fue la de acompañar a los sacerdotes. Es verdad que en mi vicaría, con seis arciprestazgos, somos muchísimos y el trabajo de acompañamiento a lo mejor se ve más debilitado, pero es fundamental. Esto incluye escuchar en la medida de nuestras posibilidades y nuestras flaquezas, pero también incluye ese discernimiento, juntos, en el Espíritu.