La parroquia de Jesús Obrero, en Palma-Palmilla, acoge el 30 de abril, a las 19.00 horas, la Misa en honor de “El Pelé”, el beato Ceferino Giménez Malla, patrón de los gitanos. Fue el primer gitano beatificado, celebración que tuvo lugar el 4 de mayo de 1997, siendo papa san Juan Pablo II.
La Delegación de Migraciones y Gitanos ha invitado, de forma especial, a todos los gitanos a que participen en esta celebración, que presidirá el obispo de Málaga, Mons. Satué, quien también es responsable del Departamento de Pastoral con los Gitanos de de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española.
En su Instagram (@gitanosmlg) han publicado, en estos últimos dísa, imágenes de voluntarios de Pastoral Gitana pegando carteles y entregando estampas del beato Ceferino e informando a los vecinos sobre la celebración de su patrón.
Natalia, miembro de Pastoral Gitana, explica que el objetivo de este grupo diocesano es «acompañar a los gitanos y gitanas y que conozcan la vida de las parroquias par que se encuentren allí con el Señor, eso sí, desde la realidad en la que vivimos cada uno. Desde ahí avanzamos. Nos movemos por todas las parroquias».
Natalia está viviendo con mucha emoción la preparación de la celebración del patrón «con mucha alegría, preparando todos los detalles de la liturgia y llegando a muchos gitanos que nos están diciendo que quieren venir. Es muy curioso porque algunos, aunque estén insertos en “el culto”, quieren venir a la Iglesia, en la que estuvieron hace años. Yo siempre les digo que tenemos las puertas abiertas y que la parroquia es la casa de Dios para todos. Y desde ahí vamos acogiendo y acompañando a quienes se acercan porque quieren profundizar más en su fe católica».
Una celebración en la que no faltará el flamenco porque, en palabras de Natalia: «a los gitanos nos gusta mucho el flamenco, nos hemos criado con él y no entendemos nuestra vida sin él. ¿Cómo podemos alabar a Dios? Pues cantándole lo que mejor sabemos, flamenco».
De la vida de el Pelé hay mucho con lo que quedarse, a Natalia, que también es Misionera de la Esperanza (MIES), le llama la atención que «atendía a los niños de forma especial, les llevaba el Evangelio de mil formas».
Cuadro nómada
En la Eucaristía en honor al beato Ceferino estará presente el cuadro del beato donado por la pintora y catequista Esperanza Muñoz, que peregrina cada año a la parroquia en la se celebra la Misa y allí se queda hasta el año siguiente.
Biografía
Hijo de padres gitanos españoles, Ceferino Giménez Malla, conocido familiarmente como "el Pelé" nació en Fraga (provincia de Huesca), probablemente el 26 de agosto de 1861, fiesta de san Ceferino Papa, de quien tomó el nombre, y fue bautizado ese mismo día.
Como su familia, Ceferino también fue un gitano que vivió siempre como tal, profesando la ley gitana tanto en su formación como en el desarrollo de su vida.
De niño recorrió los caminos montañosos de la región, dedicado a la venta ambulante de los cestos que fabricaba con sus manos. Todavía joven, se casó, al estilo gitano, con Teresa Giménez Castro, una gitana de Lérida de fuerte personalidad, y se estableció en Barbastro. En 1912 regularizó la unión con «su Teresa» celebrando el matrimonio según el rito católico. Comenzó desde entonces a frecuentar la iglesia hasta convertirse en un cristiano modelo. No tuvo hijos, pero adoptó de hecho a una sobrina de su esposa, llamada Pepita, cuyos hijos viven todavía.
El Pelé dedicó los mejores años de su vida a la profesión de tratante experto en la compraventa de caballerías por las ferias de la región. Llegó a tener una buena posición social y económica, que estuvo siempre a la disposición de los más necesitados.
Acusado injustamente de robo y encarcelado, fue declarado inocente. El abogado que lo defendía dijo: «El Pelé no es un ladrón, es san Ceferino, patrón de los gitanos».
Sumamente honrado, jamás en los tratos engañó a nadie. Por su reconocida prudencia y sabiduría, lo solicitaban payos y gitanos para solucionar los conflictos que a veces surgían entre ellos. Piadoso y caritativo, socorría a todos con sus limosnas. Fue un ejemplo de religiosidad: misa diaria, comunión frecuente, rezo cotidiano del santo rosario. Aunque no supo nunca ni leer ni escribir, era amigo de personas cultas y fue admitido como miembro en diversas asociaciones religiosas: Jueves eucarísticos, Adoración nocturna, Conferencias de San Vicente de Paúl y Tercera Orden Franciscana. Le gustaba dedicarse a la catequesis de los niños, a quienes contaba pasajes de la Biblia y les enseñaba las oraciones y el respeto a la naturaleza.
Al inicio de la guerra civil española, en los últimos días de julio de 1936, fue detenido por salir en defensa de un sacerdote que arrastraban por las calles de Barbastro para llevarlo a la cárcel, y por llevar un rosario en el bolsillo. Le ofrecieron la libertad si dejaba de rezar el rosario. Prefirió permanecer en la prisión y afrontar el martirio. En la madrugada del 8 de agosto de 1936, lo fusilaron junto a las tapias del cementerio de Barbastro. Murió con el rosario en la mano, mientras gritaba su fe: «Viva Cristo Rey».
