El Congreso Internacional "La gran procesión. El legado del Jubileo de las Cofradías" en Málaga ha sido pensado como un espacio de reflexión y análisis sobre el impacto histórico y eclesial de la Gran Procesión celebrada en Roma durante el Jubileo 2025. Entre sus ponentes, se encuentra el Pro-Prefecto del Dicasterio para la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella, a quien entrevistamos.
¿Cómo nace el que por primera vez, en el Jubileo de la Esperanza, haya habido un espacio propio y exclusivo para la realidad de las hermandades y cofradías?
El proyecto nació del deseo de destacar el papel crucial, aunque a menudo discreto, que desempeñan las cofradías en el corazón de la comunidad eclesial. Fortalecidos por una tradición centenaria, dan testimonio de la caridad evangélica no solo mediante la oración y las celebraciones, sino sobre todo con gestos concretos de solidaridad y sacrificio, apoyando a sus hermanos y a la comunidad local. Al dedicarles un evento propio, el Año Santo buscó ofrecer un signo de atención y gratitud a esta fe laboriosa y radicada a lo largo del tiempo, destacando la religiosidad popular como una energía auténtica y no como una expresión secundaria. El Jubileo de las Cofradías se insertó en el programa del Jubileo como un vínculo entre la universalidad de la Iglesia y la experiencia cotidiana de los creyentes, demostrando cómo el anuncio también puede florecer en la autenticidad de la piedad popular.
¿Cuál ha sido el fruto más destacado, en su opinión, de este acontecimiento eclesial para las cofradías?
El Jubileo dedicado a las Cofradías tuvo como fruto principal la comunión y unidad que se creó entre ellas, desde la fase organizativa hasta la procesión desde el Coliseo hasta el Circo Máximo. La masiva participación de todo el mundo demostró la vitalidad y la actualidad de las cofradías, desmintiendo la idea de que son un legado del pasado, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la misión de estas asociaciones, y reafirmándolas como pilares de la fe popular y agentes de esperanza dentro de la Iglesia.
«La transmisión de la fe y de la tradición cristiana pasa de generación en generación dentro de las cofradías, manteniendo viva la experiencia vivida del Evangelio»
Un hito fue la gran procesión. ¿Cómo se vivió en la Ciudad Santa un acontecimiento como ese, que aunaba tantas manifestaciones diversas?
La Gran Procesión por las calles de Roma fue sin duda un momento único en su historia, que será también difícil de repetir. No solo por las complejidades organizativas, que se abordaron y resolvieron con la estrecha colaboración de las autoridades civiles, sino también por la diversidad de grupos que participaron. El traslado y la presencia de los tronos de Málaga, Sevilla y León, por ejemplo, solo fue posible gracias al diálogo continuo entre el Dicasterio, las instituciones españolas y las italianas; la cooperación entre estas diversas entidades permitió determinar el recorrido de la procesión y permitir así la participación de más de 6.000 cofrades. El resultado final, a pesar de las inevitables complejidades, fue un éxito, celebrado no solo por los 200.000 fieles que acudieron a Roma para la ocasión, sino también por numerosos romanos y turistas atraídos por la multitud y la espectacular majestuosidad de los tronos y por las diversas cofradías que participaron en la procesión.
¿Qué objetivo persigue este Congreso y por qué se celebra en Málaga?
Encontrarse nuevamente, un año después del evento, es siempre positivo para poder reflexionar con claridad, para revivir juntos los momentos importantes compartidos en Roma, considerar los primeros frutos de este evento Jubilar y los próximos pasos a seguir. La presencia en el Congreso de todas las realidades que estuvieron involucradas también en la Gran Procesión, demuestra cómo la unidad y el diálogo entre cofradías de diferentes Países es ya un primer fruto del Año Santo. Sin duda, aún queda mucho camino por recorrer, especialmente en cuanto a la formación, pero compartir experiencias es la manera correcta de abordarlo, y empezar por Málaga, la ciudad que acompañó a la Virgen de la Esperanza a Roma durante el Jubileo dedicado específicamente a la esperanza, me parece la manera más adecuada.
¿Cuáles son los retos de futuro de esta realidad eclesial, para crecer evangélicamente?
El Jubileo de las Cofradías ha mostrado sin duda que estas realidades eclesiales no están solas ni olvidadas por la Iglesia, sino que son valoradas y de gran importancia para la evangelización. Esta se realiza, de hecho, también a través de la belleza de los tronos, de la música que los acompaña y de las obras de caridad que se realizan cotidianamente. No son usanzas del pasado, sino que vemos cómo la transmisión de la fe y de la tradición cristiana pasa de generación en generación dentro de las cofradías, manteniendo viva la experiencia vivida del Evangelio.
