Con este estribillo, el cantante del mítico grupo Pearl Jam nos ayudará a entrar en esta reflexión. Es una canción que hace para la BSO de la Película “Into the wild” (Hacia rutas salvajes), película que también recomiendo, como su banda sonora.
“Society you´re a crazy breed.
I hope you´re not lonely
without me”
(Sociedad eres una raza loca
Espero que no estés sola
Sin mi)
Eddie Vedder, Society
Vivimos en la sociedad de la información, la sociedad del consumo, y, como ha llamado el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han, vivimos en la SOCIEDAD DEL CANSANCIO.
La sociedad está viviendo una positivización, todo tenemos que medirlo, pesarlo, analizarlo, y publicar esa información. Las cosas se hacen transparentes cuando se abandona cualquier negatividad, cuando se alisan y allanan, cuando se inserta sin resistencia en el torrente liso del capital, la comunicación y la información. Las acciones se tornan transparentes cuando se hacen OPERACIONALES, cuando se someten a los procesos del cálculo, dirección y control. La sociedad de la información nos embota con tantos datos para procesar.
“Esta positivización crea un violencia saturada, exhaustiva” (Byung-Chul Han). El exceso de positividad se manifiesta como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos. La sociedad de la información nos embota con tanta información. Como nos dice el psiquiatra Juan Manuel Bulacio: “con la superposición de tantos estímulos en permanente exposición, la activación fisiológica del organismo puede llevar al desborde y al agotamiento”.
Queremos abarcarlo todo: Facebook, Tuenti, Twitter, Print, Everynote… pero no podemos. Es más, nos dispersa estar en tantas cosas a la vez. Esa dispersión continua, hace que perdamos la capacidad de concentración; porque el exceso de estímulos e información, a largo plazo, va a modificar radicalmente la estructura y economía de la atención. La percepción queda fragmentada y dispersa. No podemos estar en todo, pero queremos abarcarlo todo. No alcanzamos a llegar a todo, y nos frustramos.
Todo esto repercute también, de una forma muy directa en nuestro estilo de vida. Al no ser capaz de profundizar en todo lo que recibimos, porque queremos abarcarlo todo, terminamos en una vida superficial. Hasta la oración del cristiano se vuelve superficial. Como nos dice Walter Benjamin: “La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y acelera lo ya existente. Sin la relajación se pierde el don de la escucha, y la comunidad que escucha desaparece”. En esta sociedad positivizada nos movemos en el campo puramente emocional: frases Tuenti bonitas, frases twitter que llegan, estados de Facebook… Pero todo pasajero, porque dos segundos más tarde nos llega otro twitter con una frase mejor que RT. En una comida con los amigos o la familia, podemos estar más pendientes en la foto para colgar en la red social que en la misma comida; a esta comida, pendiente de colgar nuestro estado emocional y la foto le añadimos las posibles interrupciones de los mensajes de whatsapp o Twitter o RT que nos llega. Al final no podemos vivir la comida en profundidad, no podemos abarcar tanto. Vivimos a medias, en una superficialidad emocional, a golpe de sentimiento, a golpe de “estados”… Este camino nos lleva hacia una carencia de vínculos, propio de la fragmentación progresiva y atomización social.
A todo esto hay que añadir el vuelco que se ha dado en la visión mercantilista de la persona a nivel laboral. En la sociedad de hoy, hemos dejado de ser persona para ser sujeto de rendimiento. Hay una gran presión por la eficiencia y el rendimiento. Esta exigencia de rendimiento no produce un cansancio físico, produce un cansancio psicológico y espiritual. El síndrome del desgaste ocupacional no pone de manifiesto un sí mismo agotado, sino más bien un alma agotada, quemada. Nos dice Alain Ehrenberg que “hay una norma en la sociedad que induce al individuo a la iniciativa personal que le obliga al devenir de él mimo. Y, las personas se deprimen porque no está a la altura, está cansado del esfuerzo de devenir de él mismo. Así, el sujeto queda sin libertad, porque el sujeto de rendimiento se abandona a la libertad obligada de maximizar el rendimiento. Se da una paradoja de la libertad: autoexplotación. Todo esto produce un colapso del “yo” y llegan las depresiones, el strees, el trastorno límite de la personalidad (TDAH), el síndrome del desgaste ocupacional (SDO) o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).”“Las enfermedades psíquicas de la sociedad del rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones de esta libertad paradójica” (Byung-Chul Han).
“La moderna pérdida de creencias, que afecta no solo a Dios o al más allá, sino también a la realidad misma nos hace vivir desencantado de la vida y hace que la vida humana se convierta en algo efímero, nunca antes ha sido la vida tan efímera como ahora. Hay una gran sensación de fugacidad, y esta sensación de fugacidad hace la vida desnuda. Nada es constante y duradero. Ante esta falta de ser surgen el nerviosismo y la intranquilidad”. (Byung-Chul Han).
Vivimos intranquilos, en tensión constante, pululando de un lado para otro, sin nada a lo que agarrarnos; buscando el rendimiento y la eficacia, “autoexplotándonos”. Esto nos hace estar permanentemente cansados, agotados. Vivimos en la sociedad del cansancio. Esta sociedad se está convirtiendo en una “raza loca”.
