Pienso que Benedicto XVI está imprimiendo un nuevo rumbo a la Iglesia. Sus declaraciones, catequesis y homilías, en la reciente visita a Reino Unido, me confirman en esta impresión. Vale la pena leerlas despacio y disfrutar de su contenido y hondura. No es que diga nada nuevo, porque proclama el Evangelio de siempre, pero lo hace en diálogo con el hombre moderno, adentrándose en el mar revuelto del tiempo en el que vivimos.

Benedicto XVI sí rema mar adentro

Voy a resaltar cuatro aspectos: la insistencia en el diálogo de la fe con la razón, en contraposición a una fe demasiado emocional; la afirmación nítida del papel público de la fe, frente a un catolicismo acomplejado y a un laicismo minoritario y muy activo, que pretende encerrar a los católicos en sus casas; la fundamentación intelectual de la verdad ética, no sólo en las cuestiones de sexo, sino también en temas como el medio ambiente, la globalización y el reparto de los bienes de la tierra, frente al relativismo hostil y a los católicos dubitativos; y la necesidad de transparencia en la Iglesia, superando la actitud del secretismo en lo que se refiere al reconocimiento de sus pecados, para evitar que queden impunes lo que ha denominado “abominable crimen”, cometido por algunos eclesiásticos.

Su libro “Jesús de Nazaret”, sus catequesis sobre las figuras más señeras de los primeros cristianos, su presentación de los Padres de la Iglesia y la mayor parte de sus homilías caminan en esta misma línea: en dar razones para la esperanza, en invitarnos a hacer uso de la razón (la "razón emocional"), en descubrir la fuerza transformadora de la fe y en vivir con la limpieza de corazón de los primeros cristianos, que no ocultaron sus pecados, pero supieron convertirse y pedir perdón, para vivir como hombres nuevos.

Artículo de Juan Antonio Paredes, en la revista "Diócesis"