Al hacer memoria de todo lo vivido, nos nace un profundo sentimiento de gratitud hacia Dios por su presencia cercana con nuestro Seminario Menor desde aquel 25 de octubre de 1863, en que tuvo su arranque, hasta hoy.

Reseña histórica del Seminario Menor

Las circunstancias históricas y los diversos momentos en la concepción educativa hicieron que fuera configurándose de distintas formas, según convenía a cada tiempo. Así se llegó hasta 1976-77 en que -tras el cierre del Seminario Menor interno a finales de aquel curso- se comenzó a forjar una nueva andadura.  Se replantea entonces un nuevo plan de trabajo para descubrir y cultivar los gérmenes de vocación sacerdotal que pudiera haber en niños y adolescentes: en los años en los que el ejemplar sacerdote Salvador Montes Marmolejo fue Delegado de Pastoral Vocacional, la propia Delegación asumió esta tarea.

En el verano de 1983, a partir de una convivencia en el Seminario con chicos que manifestaban inquietudes vocacionales, comienza a germinar y a tomar cuerpo la idea de un Seminario Menor "especial". Salvador Montes, apoyado decididamente por el Obispo D. Ramón Buxarrais, pone en marcha la nueva experiencia.

Progresivamente, con gran esfuerzo y creatividad, con los sacerdotes que le sucedieron y con un equipo de seminaristas del Mayor, se estructura un trabajo continuado a través de convivencias de fines de semana, encuentros, seguimiento personal a los chicos en su domicilio, ejercicios espirituales, convivencias de verano, etc. Trabajo en el que ocupa lugar clave un Plan Cíclico de Formación, de manera que quienes pasan por el Menor adquieren una síntesis de feadecuada a su edad y motivaciones, y viven un tiempo de sereno discernimiento y maduración vocacional.

En todo esto importa mucho destacar la colaboración de las familias. Con su palabra y ejemplo alientan a los chicos a tener una vida entregada al Reino. La participación de las familias en la eucaristía dominical de cada convivencia y en las actividades especialmente programadas para los chicos (encuentros, retiros...) así lo atestigua.

No dibujaríamos adecuadamente el rostro del Seminario Menor sin señalar el papel que desempeñan los sacerdotes. Un sacerdote que viva entregado, con actitud de servicio y alegría por su llamada, es el mejor modo de animar a un chico a participar en el Seminario Menor. Son ellos los que, invitando a los chicos a participar en las convivencias  y luego acompañándolos, hacen que el Seminario Menor sea lo que es. Sin los sacerdotes y todos los que colaboran en las parroquias, el Seminario Menor sería impensable. Gracias por ello.  Otro dato digno de mención es que son los propios seminaristas del Menor los principales difusores de esta nueva experiencia: ellos la viven con gozo, se sienten enriquecidos, maduran en su proceso y, lógicamente, atraen e implican a otros amigos de su entorno.

El curso 1999-2000 lo comenzamos contando con nuevas instalaciones: dormitorios, salones, salas y todos los espacios necesarios para nuestra tarea estupendamente remozados y adecuados para esta labor. Se demuestra así, una vez más,  el esfuerzo que la diócesis hace por su Seminario Menor.  El reto es ahora continuar con fe y entrega en este camino, consolidando y ampliando este medio, estos talentos que Dios ha puesto en nuestras manos.

Para todo ello, seguimos contando con la cercanía afectiva y efectiva en todo momento del Sr. Obispo y del Seminario Mayor, cercanía que acompaña y anima esta realidad, hoy algo vivo en la diócesis y de especial interés de todo el presbiterio.