Compartirán su vida en Cartagena de Indias, en las poblaciones de Barú, Santa Ana y Ararca.

Jóvenes generosos enviados a la misión en Colombia
Envío de los jóvenes misioneros de la experiencia Colombia 2026 E. LLAMAS

Los jóvenes misioneros María Becerra Ruiz, Inés Gómez Reyes, María de la Paz Guatura Ruiz, Manuel Benítez López, Alba Barranco Benítez y Lola Benavente Becerra, junto a las responsables Carmen Anaya Gutiérrez y María del Mar Carbonero Vallejo, y el delegado de Misiones José Luis Pereyra Quintián, misionero de la Consolata, vivirán desde el 25 de julio al 21 de agosto la experiencia diocesana “Espíritu Misionero Colombia 26”. Compartirán su vida en Cartagena de Indias (Colombia), en las poblaciones de Barú, Santa Ana y Ararca.

Una semana antes de su partida, el domingo 19 de julio, Día de la Misión Diocesana en Venezuela, el obispo D. José Antonio Satué presidió la Eucaristía de envío, que tuvo lugar en la parroquia de Santiago Apóstol, en el centro de la ciudad.

El envío de este grupo de jóvenes que parte hacia Colombia «es un signo vivo de una Iglesia que camina, que sale, que se entrega. Este envío misionero se sitúa en el corazón de lo que hoy el Espíritu está suscitando en la Iglesia: ser una Iglesia sinodal en misión. La sinodalidad —ese “caminar juntos”— no es una idea abstracta, sino un modo de vivir la fe donde todos, desde nuestra vocación, participamos corresponsablemente en el anuncio del Evangelio. Estos jóvenes no van solos. Van enviados por toda una comunidad diocesana que ora, acompaña y comparte su envío. En ellos, es la Iglesia entera la que se hace cercana, la que cruza fronteras, la que se pone en salida hacia las periferias humanas y espirituales», afirmaba el delegado de Misiones, el padre José Luis Pereyra, momentos antes de la Eucaristía.

Una celebración repleta de símbolos, desde los cantos, animados por el coro de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, del Puerto de la Torre, hasta los signos que colocaron delante del altar que los habían acompañado «durante nuestra travesía y que definen todo lo que hemos ido vivenciando en el último año», explicaba Pachón, miembro de la Delegación de Misiones. Entre esos elementos, un delantal «como recordatorio sencillo de lo que debe ser nuestra actitud de servicio en la misión y en la vida».

El delegado de Misiones presentó a los jóvenes al Sr. Obispo, quien los bendijo y les impuso una cruz invitándolos a recibir «este signo del amor de Cristo y de nuestra fe; predica a cristo, fuerza y sabiduría de Dios».

En la oración de los fieles, los jóvenes pidieron de forma especial por la Misión Diocesana en Venezuela y por las comunidades de Cartagena de Indias que visitarán «para que reciban con alegría nuestra presencia y nos enriquezcamos mutuamente».

Los jóvenes recibieron también su “agenda misionera”, un libreto preparado por la Delegación de Misiones con textos para la oración y espacios para llenar con mucha vida vivida, gastada y regalada»; y regalaron un delantal a quienes les han acompañado en este proceso de formación: sus responsables y los miembros de la Delegación de Misiones. 

Mons. Satué, en su homilía, les recordó que son «sembradores de esperanza, alimentáis esta esperanza con vuestra actitud y vuestro compromiso, aquí en vuestra vida cotidiana y en la misión a la que hoy sois enviados»; y les agradeció su testimonio: «Queridos jóvenes, gracias por animarnos a todos a seguir el camino del Evangelio. Gracias por recordarnos que la esperanza es más fuerte que el miedo, que la misericordia es más fuerte que el juicio, que la paciencia es más fuerte que la prisa por condenar (…) que vuestro testimonio haga germinar mucho trigo bueno en el mundo, en la Iglesia y en vuestros propios corazones».