Crónica del pregón de la Semana Santa de Málaga pronunciado por Ignacio A. Castillo, periodista y nazareno de María Santísima de la Trinidad, de la cofradía del Cautivo, en el Teatro Cervantes el sábado 21 de marzo de 2026.
Ignacio A. Castillo ha sido el pregonero de la Semana Santa del 2026 y ha querido reivindicar el papel de la Semana Santa malagueña para mantener encendida la llama de la vida de la ciudad y de sus gentes. Ignacio es conocido en la ciudad tanto por su papel como periodista y redactor desde el 2001 en La Opinión de Málaga, como por su vocación cofrade, siendo hermano de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y, desde joven, nazareno de María Santísima de la Trinidad.
Antes del pregón, y como es tradición, el auditorio del Teatro Cervantes disfrutó de un concierto de la Banda Municipal de Música, que interpretó 3 marchas (Alma de la Trinidad, Pax Malacitana y Santísimo Cristo Crucificado), culminando con los consabidos himnos de Andalucía y de España. Tras un breve receso, comenzó el pregón. Primero, Jose Manuel Ferrary, deán de la Catedral de Málaga y pregonero el año anterior, presentó a Castillo de una manera cercana y con marcado cariño.
Ignacio Castillo subía finalmente al estrado, un escenario en el que podían contemplarse cuatro nazarenos: uno de la Virgen de la Trinidad, otro de Virgen Mediadora, otro de Nuestra Señora de los Dolores, de Dolores de San Juan, y otro de la Virgen de la Paz. Después de saludar a las autoridades allí presentes, entre los que se encontraban el obispo de Málaga, Mons. José Antonio Satué; el obispo emérito, Mons. Jesús Catalá, y el obispo emérito de Pamplona, Mons. Francisco Pérez, comenzó su pregón con sentidas palabras para la Virgen, alabándola como Madre, elegida de Dios y luz que es para la ciudad de Málaga y sus barrios más propios.
Junto a este amor hacia la Virgen, que aseguró en cada una de sus palabras, destacó la reivindicación, la defensa de Málaga, su gente y sus tradiciones en contra del ritmo frenético que lleva a la ciudad a su pérdida de identidad, que la está convirtiendo, en palabras del pregonero, en una “ciudad de cartón piedra” por la invasión de las franquicias. Por supuesto, no dejó la fe aparcada en su discurso, remarcando su confianza en Dios cuando señaló que «con todo, mantengo encendida la llama de mi fe y no pierdo la esperanza en este mundo. Porque el Señor, aunque parezca que escribe con renglones torcidos, sabe diseñar nuestros rectos caminos. Y, como hoy, te compensa». Apuntó la idea de que en Málaga no es que los malagueños “saquen” a la calle las imágenes sagradas, sino que propiamente «es Dios, que no se conforma con permanecer en una capilla y se desplaza» junto a todos sus hijos.
El discurso fue continuamente interrumpido por aplausos del público, que numerosas veces apoyó con sus palmas los mensajes a la ciudad, a las autoridades, a las cofradías, a la Virgen y al Señor. Ignacio, visiblemente emocionado después de un pregón lleno de peticiones, reivindicaciones, manifestaciones de amor y de fe, quiso cerrar con un mensaje directo al Señor: «Y cuando nos llames, allí donde no hay llanto, ni duelo, ni dolor, y a ti acudamos, con nuestra túnica por sudario. Hasta esa hora y ahora, Señor, “anunciamos tu muerte y proclamamos tu Resurrección”».
Javier Domínguez Arroyo, estudiante de Periodismo
