El vicario episcopal para la zona de la Axarquía, Juan Manuel Ortiz Palomo, nació en Antequera hace 54 años. Con 23 años de ministerios sacerdotal, recibe ahora la encomienda de servir en una zona en la que ya estuvo destinado como párroco de Árchez, Canillas de Albaida y Cómpeta.
¿Cómo recibe la noticia de ser el vicario territorial de la Axarquía?
Con mucha sorpresa, No entraba en mis planes terminar de vicario episcopal de una zona, tengo que confesarlo.
Cerrar una etapa como es la de rector del seminario y vicario de la acción sociocaritativa tampoco debe de ser fácil.
Han sido las tareas que, principalmente, me han ocupado los últimos años. Y tanto la formación de los futuros sacerdotes, que ocupa toda la vida de los formadores, y la vicaría de Acción Social, ese contacto con la pobreza y con toda la gente que, en la Diócesis de Málaga, está trabajando a favor de esos hermanos y hermanas más desfavorecidas, ha sido una riqueza enorme para mí. Por eso la sorpresa, porque el giro es completo. Aunque también es lo que le acompaña a uno. A los seminaristas les decía que el día que el Obispo me dijera que me tenía que ir para una parroquia, me iba a hacer el cura más feliz del mundo, porque los sacerdotes nos ordenamos para estar sirviendo al pueblo de Dios en la pastoral y en las tareas concretas. Por esa parte, le llena a uno de ilusión el volver a la pastoral directa después de estos años.
¿Qué frutos de este tiempo le presentaría al Señor, qué nombres llenarían sus manos?
Primero, un “gracias” muy grande, porque en todos esos nombres destacan los chavales que se han ido ordenando estos años, pero están también todos los formadores, los trabajadores, los profesores que colaboran con la formación, toda la familia del Seminario. He aprendido mucho en estos años de rector del Seminario. Es una tarea que nunca se me había pasado por la cabeza que me fuera a pedir la Iglesia, pero que ha supuesto un tiempo de Gracia, de aprender mucho, de asombrarme y preguntarle al Señor: «¿Cómo te vales de mí, que soy un pobre instrumento, para hacer maravillas en la vida de estos jóvenes, que con ilusión quieren servir?».
¿Con qué espíritu emprende este nuevo servicio?
Con mucha ilusión. Ese deseo de servir en una pastoral más directa seguía en mi corazón. Y luego, es formar parte de un “equipo” impresionante, como le decía a D. José Antonio yo, que soy futbolero. Te das cuenta de que estás aprendiendo de ellos desde el primer momento. Si el Señor quiere, esperamos poder servir bien a toda la diócesis.
¿Qué conoce de su vicaría particular, la Axarquía?
Tuve la suerte de estar destinado hace unos años como párroco de Cómpeta, Canillas de Albaida y de Árchez, una de las “esquinas” de aquella vicaría. Salvo la costa, donde veranean muchas familias, diría que es una gran desconocida. Hay en ella una gran riqueza humana y cultural. Allí se han conservado muchas tradiciones, una religiosidad muy fuerte y una mezcla de los pueblos más pequeños de toda la diócesis de Málaga con ciudades que han crecido para dar cabida a muchas personas que se han ido allí a residir desde la capital. Es una representación en pequeño de toda nuestra diócesis.
¿Y cómo implementar allí la sinodalidad? ¿Qué logros y qué retos ve en ese sentido?
El primero, hacer a los ministros corresponsables en esta tarea. Esto de la sinodalidad no es una opción ni una ocurrencia, es la manera de ser Iglesia en los tiempos en que estamos. Un paso importante está en nosotros mismos, los sacerdotes, y luego, con el resto del Pueblo de Dios. Cuando estuve en la zona hace unos años, pude comprobar que lo único que daba frutos era aquello de lo que nos concenciábamos todos de que podíamos hacerlo, los ministros y también los laicos, las parroquias trabajando juntas. Creo que ahí tenemos uno de los primeros retos: trabajar todos juntos y en la misma dirección, porque es la única manera de dar un testimonio creíble de la buena noticia hoy en día.
Para terminar, ¿alguna enseñanza de san Manuel González para este tiempo?
Eso que todos los curas de Málaga llevamos grabado en el corazón y que encontramos en nuestro Seminario: «Pastor bueno, haznos buenos pastores dispuestos a dar la vida por las ovejas». Esa enseñanza nos la graba el tiempo que hemos vivido allí como seminaristas. Y luego uno ha tenido la gracia de vivir una segunda etapa en el Seminario como rector. El pastor, decía san Manuel González, es para llevar la fe, para servir a nuestra Santa Madre Iglesia y hacer feliz a los fieles. Mira si tenemos tarea ahí de la mano de nuestro santo.
¿Una parroquia que recomiendes visitar este verano para empezar a conocer más esa zona?
Las parroquias pequeñitas que están bajo la denominación de la Ruta del Mudéjar: Sedella, Canillas de Aceituno, Árchez, Arenas y Salares. Tienen los antiguos alminares integrados en los actuales campanarios de las parroquias. Son dulcecitos. Iglesias pequeñas que le dan un sabor especial a toda aquella zona.
