Luis Sené (Málaga, 1953) fue trabajador de la Diócesis de Málaga durante más de cuarenta años. Es artesano y coleccionista de tronos en miniatura. Este capuchinero, malaguista y semanasantero ha llevado su pasión por la Semana Santa hecha artesanía incluso a la televisión nacional

Una vida tejida con el hilo de oro de la fe
Luis Sené, con el trono en miniatura de la Virgen de la Soledad de San Pablo

¿Por qué tronos en miniatura? ¿Cuál fue el primero? 

Desde chico me apasionaba y siempre he tenido muchas ocurrencias para buscar cosas y volcarme en hacer los pequeños detalles. Creo que el primero fue la Virgen del Rocío del Martes Santo, y el último, el ahora conocido como Cristo de la Clemencia, unos años antes de jubilarme. Me llevaba aproximadamente un año y todos son importantes, cada uno ha marcado algo en mí. Los materiales son los más insospechados: el tapón de una botella, un cenicero, y hasta le quitaba los “indios” a mis hijos para darles forma de los distintos querubines. También utilizaba pan de oro para darle dorado y papel aluminio para el plateado. El proceso más delicado, entre otros, era el incluir el cableado para las bombillas que hacían de velas (ya que estaban iluminados), y las flores de las distintas mesas de los tronos, ya que eran con trozos de servilleta, una a una (buscaba el color según convenía… blanca, roja, etc.). He de decir que mi mujer, Inma, me ayudaba a hacer esto último.

¿Quién ha podido disfrutar de ellos? 

Sobre todo lo han disfrutado mis hijos, que me veían trabajando en ellos, pero también el resto de la familia y los vecinos. Durante muchos años han estado expuestos en Cuaresma en distintos centros comerciales (Málaga Plaza o el Rosaleda), además de haber visitado platós de televisiones locales como PTV, Canal Sur, y nacionales, estando dos veces en Tele5, como en el programa Día a Día que presentaba María Teresa Campos. También realicé en miniatura el paso del Gran Poder de Sevilla, por iniciativa de Eloy Opticos con motivo de la Expo 92 celebrada en Sevilla. 

¿Rezaba durante el proceso? 

Mientras los elaboraba era una forma de rezo, pues era constante la imagen del Señor en mi cabeza, y ya de paso siempre le pedía por mi familia.

Un trono así cabe casi en las manos. ¿Ayuda de algún modo a que el misterio de la fe quepa también en el corazón? 

Algunos de los que hice ¡cabían literalmente en una sola mano!, pero la mayoría, sin incluir los varales (pues también le añadía este elemento) tenían una dimensión de aproximadamente medio metro. Y sí, como he dicho antes, visualizando y creando estas miniaturas, el rezo era constante y de algún modo sabía que una vez terminado llegaría a los corazones de los que lo contemplaban al verlo una vez terminado.

¡La Iglesia me ha enseñado, aparte del servicio profesional a la misma, a ayudar al prójimo y, ser más benevolente con los demás, que todos lo necesitamos!

Se crió en el barrio de Capuchinos, tan vinculado a la religiosidad popular malagueña. ¿Qué recuerdos de infancia marcaron su fe?

Nací y me crié en el Barrio de Capuchinos. Fui nazareno del Prendimiento y estudié, además, en el colegio Salesiano San Bartolomé. Esto, además de lo inculcado por mi madre, marcó mi camino en la fe.

Luego fue trabajador en el Tribunal Eclesiástico de la Diócesis de Málaga. Unos, “antes que fraile”, son cocineros, pero usted fue sastre... ¿Le ayudó a “pespuntar” bien su valioso trabajo para la Iglesia de Málaga? 

Efectivamente, fui aprendiz con 14 o 15 años y, ya de ahí, pasé a ser sastre oficial. También trabajé como oficinista en el Málaga Palacio (donde curiosamente coincidí trabajando con el suegro de mi hijo, detalles de la providencia…). Trabajar en el Obispado supuso una experiencia descomunal y vivir la Iglesia desde dentro más todavía, porque ve uno los valores de la Iglesia, que no todo el mundo conoce. Como anécdota, diré que cuando entré a trabajar en la Diócesis (allá por los años 70), el Tribunal Eclesiástico se llamaba por entonces Provisorato, y no eran Decretos como hoy en día, sino Providencias lo que dictaba el juez correspondiente. 

¿Qué le ha enseñado la Iglesia a lo largo de los más de 40 años de servicio profesional que le has dedicado? 

¡La Iglesia me ha enseñado, aparte del servicio profesional a la misma, a ayudar al prójimo y, ser más benevolente con los demás, que todos lo necesitamos! Sigo manteniendo mi vínculo con la Iglesia después de jubilarme. Para mí es importante no perder esa relación ni la fe que me enseñaron y que he intentado —y creo que conseguido— transmitir a mis hijos. Ahora, la familia ha sido y es lo principal. La vivo todo lo mejor posible, estando (a mi manera) con ellos, ya que antes de mi jubilación no he podido hacerlo como me habría gustado. ¡Además ahora soy abuelo de una preciosa niña! Malaguista y semanasantero. 

¿Qué tira más, el Málaga o la Semana Santa? 

Malaguista soy hasta la médula. Como con la fe, también se lo inculqué a mis hijos, que siguen siendo socios, como yo toda mi vida, aunque ahora sigo los partidos por la tele. Respecto a la Semana Santa, diré que mis hijos son cofrades y portadores en la Cofradía del Rocío el Martes Santo (el mayor en la Virgen y el chico en el Nazareno, además de en la Redención de la Cofradía de los Dolores de San Juan). También fui abonado a las sillas en Semana Santa. No sé qué me tira más, pero si es cierto que son dos pasiones fundamentales en mi vida. 

Desde aquel niño capuchinero hasta hoy, ¿cuál es el hilo conductor con el que ha tejido su vida? 

El hilo conductor de aquel chavea de la carrera de Capuchinos hasta hoy ha sido intentar hacer lo correcto e intentar cumplir lo que me enseñaron en la casa de mis padres, sin hacer ningún daño a nadie y luchando para que todo el que me rodeara fuera feliz, y así quiero que sea hasta que Dios me llame.