Una arquitectura efímera viene y se va, al igual que el acontecimiento que la ordenó, en este caso la Eucaristía presidida por Benedicto XVI en la plaza del Obradoiro. La arquitectura que se creará para ese encuentro escribirá y dibujará, sin embargo, todas sus líneas con una cierta antelación, pues debe estar preparada para el momento cumbre antes de que éste ocurra. Después, una vez vivida, sólo quedará su capacidad de ser y de evocar desde la emoción colectiva e individual.