La palabra crisis se ha instalado en nuestro lenguaje diario y lucha por mantenerse. En el mercado, en los colegios, en las consultas médicas o en las barras de los bares. Todos hablamos de recortes y de negros augurios en lontananza. En medio de este panorama desolador para muchas personas, brilla, sin embargo una luz. Es tenue y débil como la llama de una vela, pero el fuerte viento contrario no puede apagarla; si acaso, sólo consigue hacerle temblar. Esta luz es la Iglesia, que sigue iluminando a los malagueños y melillenses del siglo XXI. Les lleva la esperanza y el consuelo que brotan del Evangelio, les ofrece la ayuda de la comunidad cristiana a través de las Cáritas Diocesana o parroquiales, les acompaña en las celebraciones y momentos más importantes de sus vidas. Es la Iglesia diocesana, que hoy celebra su día, y que contribuye a crear una sociedad mejor.