El jueves más cercano a la fiesta de san Juan de Ávila, este año el 7 de mayo, se celebra en Casa Diocesana la convivencia del clero. Una jornada emotiva y especial en la que el presbiterio felicita a sus hermanos que celebran sus bodas de plata y oro sacerdotales en este 2026.

25 y 50 años siendo curas al servicio de la gente

Guillermo González Mediavilla, párroco del Dulce Nombre de María, y Jesús Catalá Ibáñez, obispo emérito de Málaga, celebran sus bodas de oro.

Los religiosos oblatos Ismael García Moreno y Rafael Martín Villanueva; Daniel Ceratto, arcipreste de la Axarquía-Costa; Francisco Castro Pérez, párroco de Santa Inés; Salvador Gil Canto, párroco de la Amargura y Aurelio Julián López Sánchez, párroco de Nuestra Señora del Carmen (Fuengirola), celebran sus bodas de plata.

Guillermo González Mediavilla, 29 de febrero de 1976

Ordenación de Guillermo González

Recibió la ordenación de manos de Mons. Javier Osés, «el mismo obispo que ordenó sacerdote a nuestro obispo, Mons. Satué. Casualidad que me emociona», reconoce mientras recuerda aquel día «con gran alegría porque fue para mí el momento en que se cumplía la esperanza que había tenido desde niño. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayo, siempre respondía que fraile o cura. Otros niños querían ser toreros o futbolistas, pero yo siempre decía que fraile o cura, me contaba mi madre. El día de mi ordenación se cumplió una esperanza que he tratado de vivir con alegría, a lo largo de mi vida. Con mis fallos, mis defectos y algunos aciertos. Viendo siempre la misericordia de Dios que me ha acompañado siempre».

Da gracias a Dios por estos 50 años porque «se dice pronto, pero son un montón de experiencias y testimonios. Mi sacerdocio lo he vivido prácticamente en la diócesis de Málaga, en la zona de los Montes, en Alfarnate, Colmenar, Alfarnatejo… y en la parroquia Dulce Nombre de maría, en Los Prados, y como capellán en el Hospital Clínico, y algunas tareas más. Le doy gracias al Señor por hacerse presente en la Eucaristía. Es tal mi pequeñez y su grandeza pero cada día me maravillo de que el Señor me eligiera para ser sacerdote y para vivir la vocación con ánimo e ilusión, con todos mis hermanos sacerdotes. Y esa es mi acción de gracias».

D. Jesús Catalá Ibáñez, 3 de julio de 1976

Ordenación de D. Jesús Catalá

El 3 de julio de 1976, la parroquia de Santa Catalina mártir, de Vilamarxant (Valencia), se engalanaba para celebrar la ordenación sacerdotal de D. Jesús Catalá, obispo emérito de Málaga. Quien pastoreó esta diócesis desde 2008 a 2025 celebra este año sus bodas de oro sacerdotales y, con este motivo, ha concedido una entrevista que pueden leer en este enlace. En ella, D. Jesús recuerda que aquel día «todo el pueblo estaba gozoso por esta ordenación de un paisano suyo». Repasando su etapa formativa, afirma que la suya fue «una generación crítica con nuestros educadores y con las instituciones; pero al mismo tiempo con muchos deseos de aportar lo mejor de nosotros a la sociedad y a la Iglesia». Mons. Catalá eleva, finalmente, «una acción de gracias desde lo hondo de mi corazón. El Señor me llamó para servirle en el ministerio y me fue conduciendo según sus planes, que, ciertamente, no eran los míos».

Ismael García Moreno, OMI, 2 de junio de 2001

Ordenación sacerdotal del misionero oblato Ismael García

Los misioneros oblatos Ismael García y Rafael Martín, quienes sirven en la diócesis de Málaga, celebran este año sus bodas de plata. Ismael da gracias a Dios «por estos 25 años que, la verdad, han pasado muy rápido y a mucha velocidad. Es Él quien me lo ha dado todo. En primer lugar, el don de la vida y después la familia. Soy lo que soy gracias a ellos. Y también le doy las gracias por mi parroquia de San Leandro, en Madrid, en la que experimenté la llamada del Señor, la vocación. Le doy gracias al Señor por todo lo que he vivido a lo largo de estos 25 años en los distintos lugares en los que me ha puesto y me ha llamado a servir a la gente. Por toda la gente, los feligreses, los laicos y los hermanos de comunidad de la congregación, que me han ido conformando como soy».

Del día de la ordenación recuerda que «éramos 3, otro compañero más, el padre Mario, se ordenó con nosotros, ahora es el Prefecto Apostólico del Sáhara Occidental. Nos ordenó el cardenal Rouco Varela. Fue una celebración preciosa en mi parroquia, con la familia, los amigos, los feligreses y los hermanos de comunidad. Y aún con más cariño recuerdo la primera Misa, al día siguiente. Nos ordenamos el día 2 de junio, víspera de Pentecostés, y el día de Pentecostés celebre mi primera Misa. Me impresionó repetir en la consagración las palabras de Jesús en la última cena. Ahí es cuando me di cuenta de que algo en mí había cambiado, era otra persona».

Daniel Ceratto, 9 de agosto de 2001

Ordenación sacerdotal de Daniel Ceratto (tercero en primera fila)

Daniel Ceratto recibió la ordenación el 9 de agosto de 2001. En estos 25 años, «el Señor me ha llevado por caminos variados, desde estudios en Roma y muchos años de misión en Rusia, hasta estar ahora en España. Puedo decir que ha sido una experiencia de encuentros con la gracia y desencuentros por mis pecados, pero el Señor me fue enseñando el camino de la justicia y me ha mostrado que su misericordia sin la justicia es un mito, desgraciadamente muy de moda».

Fue ordenado junto a 50 compañeros más y da gracias a Dios por «tener la conciencia de saber que no lo merezco, por haberme dado la familia que me dio y las personas que puso en mi camino. Todas mis esperanzas están puestas solo en Él y soy consciente de que me ha llamado a ser una voz en el desierto, una voz incómoda, porque quienes me conocen saben que soy directo y me siento llamado a buscar y decir la verdad. Estoy convencido de que, sin ella, solo hay engaño y esclavitud. Esa es mi misión y personalmente la vivo como un fuego que Dios mantiene en mi corazón».

Francisco Castro Pérez y Salvador Gil Canto, 15 de septiembre de 2001

El 15 de septiembre de 2001, Francisco Castro y Salvador Gil recibían, de manos del entonces obispo de Málaga D. Antonio Dorado, la ordenación. «Cumplir este año 25 de sacerdocio es, sobre todo, ocasión de dar muchas gracias a Dios porque Él es el que me ha regalado esta forma de vivir buena y bella, que es la de ser cura al servicio de la gente, por todos los caminos por los que me ha ido llevando. Caminos insospechados en los que siempre me encontrado con el Señor, en distintas comunidades y rostros», explica Francisco.

«Siempre de su mano. Siempre ha sido el Señor al que he visto respetando mi ritmo. Me ha ido enseñando, me ha sostenido en todos los momentos y no todos han sido buenos», añade.

Este profesor de los Centros Teológicos es un amante de la música y gran conocedor del flamenco y reconoce que «dar gracias, también se me apetece hacerlo cantando y, si Dios quiere, dentro de poco podré compartir un proyecto musical que conmemora estos 25 años».

La imagen del día de su ordenación la tiene fija en su memoria pero no tiene ni una imagen física de ella: «fue casi al inicio de la era digital y no tengo ningún testimonio gráfico de ese día. Había alguien haciendo fotos, pero todas salieron veladas, ¡qué bueno! Lo recuerdo como un día lleno de mucho nerviosismo, personalmente, pero vivido en el abandono y la confianza. Podría decir, como Jeremías, aquello de que me embaucaste Señor y me dejé embaucar. Una mezcla de sentimientos en los que primaba el vivir unido a la voluntad misma del Señor, como decimos cada día en el Padre Nuestro, no sea mi voluntad sino la tuya, sabiendo que mi vida entera, con mis dones y fragilidades, las ponía al servicio del pueblo de Dios, y el Señor iba a transformarlos para dar los frutos que Él quisiera».

Ordenación de Francisco y Salvador

También sin una foto física pero con una imagen clara en el corazón, Salvador Gil recuerda el día de su ordenación «como un día de inmensa alegría compartida. Era la mañana del 15 de septiembre del año 2001 y marcaría mi vida para siempre, junto a los compañeros que nos ordenábamos. Recuerdo la sacristía antes de empezar la ceremonia, con una gran cantidad de sacerdotes hermanos que nos acogían. Y, de manera especial, recuerdo a D. Antonio Dorado, el obispo que nos ordenó. Recuerdo también una gran cantidad de laicos y religiosas que nos acompañaban en esa mañana y, al tocar la campana, comenzar la procesión de salida y sonar los primeros acordes del órgano, sentí una emoción interior que era el Señor que me decía: “hoy empiezas tu ministerio”. Así son los recuerdos de aquel día de ordenación que provocaron en mí una gran paz, una gran plenitud de mi vida y que siguen siendo hoy también motivo de acción de gracias».

Y después de 25 años de ministerio da gracias a Dios «porque me llamó y me sigue llamando a entregarle, a Él y a su Iglesia, mi vida como sacerdote. Doy gracias a Dios por mi familia, por el colegio y la parroquia donde descubrí esta llamada a ser sacerdote. Doy gracias al Seminario que fue casa y escuela donde me formé. Por las parroquias a las que he servido y a las que sigo sirviendo en la actualidad, por todas las personas que el Señor puso en mi camino para ser reflejo de Jesús, el buen pastor. Gracias a Dios también por los obispos que han sabido acompañarme en estos 25 años de ministerio y, especialmente, doy gracias a Dios por su fidelidad y su paciencia para conmigo».

Aurelio Julián López Sánchez, 22 de diciembre de 2001

Primera Misa de Aurelio López

La Navidad de 2001 fue muy especial para Aurelio López, el 22 de diciembre recibía la ordenación sacerdotal. 25 años después, «nace en mí una acción de gracias profunda y sincera al Señor por el regalo que me ha hecho del ministerio, por todo lo que durante estos 25 años he podido vivir y compartir en todos los lugares y parroquias en las que he estado destinado y también en los colegios diocesanos y en la escuela pública en los que he podido impartir, durante 21 años, la asignatura de Religión Católica. La docencia ha marcado mucho mi ministerio. Muy agradecido al Señor por mantener esta ilusión de seguir viviendo el Evangelio y de seguir acercando almas para que se puedan encontrar con Él y para que puedan encontrar la felicidad y la plenitud, que es la misma que yo intento vivir. Realmente el Señor no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Y yo me siento así».

El día de su ordenación lo recuerda con «mucho temor y con mucha responsabilidad. Iba de camino desde la parroquia donde estaba, en Las Pedroñeras (Cuenca), al pueblo de Mota del Cuervo, donde era profesor de Religión, y miraba al cielo y me decía: “Aurelio, ¡qué grande es la Iglesia y qué pequeño eres tú! ¡Qué responsabilidad tan grande la que vas a tener cuando seas sacerdote porque vas a estar en una parroquia como pastor de almas, y esto realmente es muy importante! Así lo recuerdo, con ese sentido de responsabilidad y con ese temor de si realmente  iba a estar capacitado o no. Pero no puedo más que dar gracias a Dios por todo el bien que me ha hecho y por ser sacerdote. Los alumnos me preguntaban: “Aurelio, si volvieras a nacer, ¿volverías a ser sacerdote?”. Y con los ojos cerrados, y al instante, les decía: “por supuesto”. Cuando eres feliz, te sientes bendecido por Dios».