Huberto Mbogo es natural de Guinea Ecuatorial, y por un convenio con la diócesis de Málaga, terminó aquí su estudios y se ordenó de diácono en julio, justo unos días después del examen final. De regreso a su país, ha sido destinado a la Catedral-Basílica de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Mongomo, y está a la espera de ser ordenado sacerdote

Huberto Mbogo: «No hace falta ser sacerdote o religioso para estudiar teología»
Huberto Mbogo, en Mongomo, donde se ordenará de sacerdote

¿Cómo llega un seminarista de Guinea a estudiar en Málaga?

Llego gracias a un convenio entre nuestros dos obispos: mi obispo y el obispo emérito de Málaga, D. Jesús Catalá. Esa es la muestra más bonita de la buena relación que existe entre la diócesis de Mongomo y la diócesis de Málaga. Para mí, esto refleja la universalidad de la Iglesia Católica: no hay fronteras. Somos una sola Iglesia. Un joven de Mongomo puede formarse en Málaga, y un joven de Málaga puede ir a servir a Mongomo. Todos somos hermanos en Cristo y la Iglesia nos cuida como tales.

¿Cómo invitaría a la gente a aprovechar estos estudios?

Los invitaría con las palabras de san Pedro: «Estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra fe» (1 Pe 3, 15). Muchas veces queremos mucho a Dios, pero no sabemos explicar lo que creemos. Y eso nos duele, porque el amor busca entender. Estudiando teología se te abren las puertas: empiezas a saber, a entender y, por eso, a seguir mejor a Cristo y a amarlo. No hace falta ser sacerdote o religioso. Un catequista, un padre de familia, un joven, etc., todos necesitamos conocer mejor nuestra fe para vivirla con más hondura y para poder transmitirla. Anímense. Formarse es un acto de amor a Dios y a los demás.

¿Qué le han aportado? ¿Qué utilidad le ve en su vida?

A mí me ha aportado mucha luz. Había muchas dudas que llevaba dentro, preguntas sobre la fe, sobre la Iglesia, sobre mi propia vocación... Aquí he podido estudiar, preguntar, rezar y encontrar respuestas. 

Le veo una utilidad enorme: la teología no te aleja de Dios, te acerca. Te da herramientas para conocer mejor a Cristo, para amarlo más y para servir mejor al pueblo. Cuando uno entiende, cree con más fuerza. Y cuando uno cree con más fuerza, sirve con más alegría.

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