Entrevistamos a Daniel Rodríguez, miembro del Comité Técnico de FOESSA, encargado de presentar en Málaga, los días 3 y 4 de marzo, el análisis en profundidad del Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía. Rodríguez, coordinador del Informe, ha puesto el foco en los datos más relevantes que afectan a la provincia, en dos encuentros organizados por Cáritas Diocesana de Málaga en el colegio de las Esclavas y en la Universidad de Málaga.

«Más de 200.000 malagueños caen bajo el umbral de la pobreza tras pagar la vivienda»
Daniel Rodríguez, coordinador del Informe Foessa Cáritas

El estudio, presentado recientemente en el ámbito autonómico, advierte de una creciente fragmentación social y señala tres ámbitos críticos —vivienda, empleo y salud— como los motores que están intensificando la vulnerabilidad de miles de hogares. En sus conclusiones, el informe subraya que Andalucía continúa sin cerrar sus brechas sociales. (Conócelo a fondo)
El informe señala que Andalucía vive un proceso profundo de fragmentación social. ¿Qué factores explican que esta brecha no solo no se cierre, sino que siga ampliándose?
El informe lo que muestra es algo bastante claro: la economía puede crecer, pero eso no significa automáticamente que la exclusión se reduzca. De hecho, tenemos evidencias de que la desigualdad sigue generando exclusión dado que hay sectores que avanzan en cualquier coyuntura económica y otros que siempre se quedan atrás.
Por eso hablamos de un fenómeno estructural. No es algo puntual ni que se vaya a corregir solo con el paso del tiempo o con ciclos económicos favorables. Si no hay cambios de fondo —en empleo, vivienda, protección social, oportunidades— la brecha no solo no se cierra, sino que tiende a ampliarse.

En el caso de Málaga, ¿qué datos destacarías como más preocupantes dentro del mapa de la exclusión social?
Si tuviera que señalar algunos datos especialmente preocupantes en Málaga, destacaría tres, en tres ámbitos muy básicos para la vida de cualquier persona: empleo, vivienda y salud.
Por ejemplo, más de 200.000 malagueños quedan por debajo del umbral de la pobreza después de pagar la vivienda. Eso ya nos está diciendo hasta qué punto el coste de vivir está tensionando a muchísimos hogares.
En el ámbito de la salud, 280.000 personas viven en hogares que han dejado de comprar medicamentos,  seguir dietas o tratamientos por dificultades económicas.. Es un dato muy serio, porque cuando pasa eso hablamos de necesidades muy básicas.
Y en el empleo, alrededor de 180.000 personas viven situaciones de inestabilidad laboral grave. Es decir, trabajos muy precarios, intermitentes o inseguros que hacen muy difícil construir un proyecto de vida con cierta estabilidad.

La vivienda aparece como el principal motor de exclusión social. ¿Cómo se traduce esta realidad en Málaga, donde el precio de compra y alquiler ha crecido por encima de la media andaluza?
Ahora mismo la vivienda se ha convertido, probablemente, en el principal factor que empuja a muchas personas hacia situaciones de exclusión. No es solo un problema más: es el que acaba desordenando todo lo demás en la economía de muchos hogares.
En Málaga esto se ve con bastante claridad. Los precios han subido por encima de la media andaluza; por ejemplo, el alquiler ha crecido en torno a un 30%, mientras que en el conjunto de Andalucía el aumento ha sido aproximadamente del 25%. Esa diferencia acaba teniendo consecuencias muy reales.
El resultado es que hay más de 200.000 personas que, después de pagar la vivienda y los gastos asociados, se quedan por debajo del umbral de la pobreza. Es decir, trabajar o tener ingresos no siempre evita la exclusión si el coste de la vivienda se come buena parte de lo que entra en casa.

El informe muestra que trabajar ya no garantiza salir de la vulnerabilidad. ¿Qué está fallando en el mercado laboral andaluz y malagueño para que el empleo no sea un escudo suficiente contra la exclusión?
Lo primero que conviene decir es algo muy básico: tener trabajo siempre es mejor que no tenerlo. El empleo sigue siendo una pieza fundamental para la integración social. Pero lo que estamos viendo es que trabajar ya no protege como antes frente a la exclusión.
Los datos lo reflejan bastante bien: alrededor del 14% de los hogares donde la persona sustentadora principal está trabajando se encuentran en situación de exclusión. Eso nos dice que el problema no es solo el desempleo. También lo es la calidad del empleo.
En lugares como Málaga esto se nota mucho. Es una economía muy vinculada al turismo, donde la estacionalidad pesa bastante. Si tienes que pagar doce meses de alquiler, pero solo puedes trabajar siete u ocho meses al año, las cuentas no salen. Y cuando las cuentas no salen de manera sostenida, lo que aparece es la exclusión

Desde FOESSA habláis de la necesidad de un nuevo pacto social. ¿Qué cambios concretos deberían impulsarse desde las administraciones, la sociedad y el tejido social para revertir la exclusión en Málaga y en Andalucía?
Cuando desde FOESSA hablamos de un nuevo pacto social, en el fondo estamos señalando algo bastante sencillo: la exclusión no aparece de la nada. Normalmente es el resultado de decisiones —o de falta de decisiones— que se mantienen durante mucho tiempo. Cuando no se apuesta de verdad por políticas en ámbitos clave, como la infancia, la familia o la vivienda, o cuando las que existen no funcionan bien, el problema se va acumulando.
También hay ejemplos que demuestran que las cosas pueden hacerse de otra manera. Las pensiones, por ejemplo, están protegiendo bastante bien a las personas mayores de 65 años. Y eso no es casualidad. Es el resultado de políticas públicas con vocación de transformación, sostenidas en el tiempo.
Detrás de eso ha habido acuerdos amplios: pactos de Estado, entendimientos entre distintos grupos políticos y también un cierto consenso social. La clave, por tanto, sería llevar esa misma lógica a otros ámbitos donde hoy se está generando exclusión. Si hay compromiso estable en el tiempo, los resultados llegan.