D. José Antonio Satué vivió este domingo de Ramos su primer contacto con la Semana Santa malagueña dejando escenas de cercanía y gestos significativos, tal y como ha relatado el delegado diocesano de cofradías, Salvador Guerrero.
De camino a la Casa Hermandad de la Pollinica, en la mañana del Domingo de Ramos, el obispo había querido detenerse en el ambiente previo que se respiraba en las calles, donde se encontraban los nazarenos ultimando su preparación. Allí, según Guerrero, Satué «estuvo viendo la formación de los nazarenos, charlando con ellos, interesándose por los detalles más cotidianos de la estación de penitencia».
Tras esta visita, la comitiva se dirigió a calle Parras, a las puertas de la casa hermandad. Allí fueron recibidos por el hermano mayor antes de la salida procesional. El momento más emotivo llegó cuando el propio obispo realizó el primer toque de campana tanto del Señor de la Pollinica como de la Virgen.
La jornada continuó por la tarde en Ronda, donde el obispo prosiguió su toma de contacto con distintas realidades cofrades. Allí visitó dos hermandades en parroquias diferentes, comenzando por una corporación joven en un barrio de la ciudad: la hermandad del Prendimiento.
En esta visita fueron recibidos por la hermana mayor, Belén García, junto al párroco y otras autoridades locales, entre ellas el presidente de la Agrupación de Cofradías y la alcaldesa de la ciudad. En el templo de San Cristóbal, el obispo participó en un momento de oración y posteriormente mantuvo un encuentro con la junta de gobierno.
Guerrero destaca algunos gestos que reflejan el talante del prelado: aceptó ponerse un costal que le ofrecieron los hermanos, “en un ambiente distendido”, y accedió también a realizar la levantá del Señor del Prendimiento. «Lo hizo con gusto, con emoción», subraya, apuntando que fue un instante especialmente vivido por todos los presentes.
El recorrido continuó acompañando la salida de la cofradía, que procesiona desde un tinglao, lo que permitió al obispo observar de cerca una realidad distinta a la de la capital.
Posteriormente, la comitiva se trasladó a la parroquia de Santa María de la Mayor, donde el obispo pudo conocer a diversos hermanos mayores. Allí mantuvo un encuentro especialmente significativo con los costaleros, a quienes dirigió unas palabras en la sacristía, animándolos a vivir la fe en su día a día y a seguir el ejemplo de Cristo.
No faltaron tampoco los gestos cercanos: una fotografía con los más pequeños de la hermandad, en un ambiente distendido, y una nueva levantá, en esta ocasión del "Manué” (el Cristo de los Gitanos), ya en la calle. El capataz, Luis Muñoz, le dedicó unas palabras de agradecimiento antes de cederle el martillo. Por su parte, Mons. Satué, dirigió unas palabras a los presentes en las que animó. a valorar «a los gitanos no solamente por lo que son para ellos mismos sino por lo que pueden aportar a la sociedad y a la Iglesia». D. José Antonio, que es obispo responsable de la pastoral con los gitanos de la Conferencia Episcopal Española, animó a los gitanos presentes a estar «orgullosos de serlo» y a «aportar lo mejor de vosotros mismos a la sociedad en la que vivís y que esta religiosidad la viváis los 365 día del año».
Una jornada intensa, recalca el delegado, marcada por la cercanía, la escucha y la implicación directa del obispo en las tradiciones cofrades. Un primer contacto que, lejos de lo protocolario, se está construyendo desde la experiencia compartida con hermandades y fieles.
