El Círculo de Silencio de Málaga, el pasado miércoles 14 de octubre, contó con el testimonio de varios jóvenes migrantes que compartieron su historia en tránsito a España desde su país, Marruecos, como muestra de los miles de niños solos que llegan a nuestro país.
“Tengo 22 años, y entré con 14 años en un centro de menores en Ceuta, después de vivir con mi abuela en Castillejos y trabajar desde los doce para ayudar a la familia". Así comenzó uno de los testimonios compartidos, con nombre y rostro, en el Círculo de Silencio de Málaga del 14 de octubre. "Al salir del centro -continúa-, a los 18, no era feliz, porque no tenía papeles, pero llegué a la península, y aunque me he encontrado a veces en la calle, he tenido ayuda de asociaciones como CEAR, Málaga Acoge… que me han ayudado a encontrar trabajo, a arreglar mis papeles. He trabajado en Toledo, y ahora, de vuelta en Málaga, estoy buscando trabajo y mejorando mi español”.
En el manifiesto que se compartió, los responsables del Círculo de Silencio compartieron que “en la Unión Europea se registran cada año más de 35.000 solicitudes de asilo de menores no acompañados, y a nuestras costas y fronteras terrestres en España llegan anualmente miles de niños solos —tenemos más de 15.000 niños y adolescentes tutelados en la red asistencial de las comunidades autónomas, representan aproximadamente entre un 25% y un 30% del total de la infancia atendida por el sistema público de protección en España—. En las rutas hacia nuestro país, más del 85% de los menores que entran lo hacen completamente solos, sin una mano adulta que los sostenga”. Sin embargo, como ellos mismos expresan “las estadísticas públicas son insuficientes, porque éstas reflejan únicamente a quienes han logrado acceder al sistema formal. En crisis humanitarias como la de Ceuta observamos cómo se expulsa sumariamente a personas sin verificar siquiera su minoría de edad, invisibilizando la dimensión real de la infancia en frontera”.
Abdel, de 22 años, creció en Castillejos y fue otro de los encargados de poner rostro a esa otra realidad silenciada y oculta. En su testimonio, compartió que "con 15 años tuve que dejar el colegio y buscar un futuro para ayudar a mi familia. También estuve en un centro de menores en Ceuta, porque crucé aquí buscando mejorar. Tras trabajar en Cuenca, he vuelto a mi tierra para visitar a mi familia, y ahora en Málaga me he encontrado en situación de calle. He conocido gente que me han orientado, y desde la Asociación Marroquí y Málaga Acoge he podido encontrar un nuevo trabajo, y estoy peleando por sacar la ESO y me va muy bien”.
En su manifiesto, la Delegación de Migraciones planteó que estos chicos “no son una abstracción estadística; son vidas truncadas por causas demoledoras. ¿Cuáles son las causas por las que un menor se ve obligado a migrar? Las motivaciones responden a múltiples factores que suelen darse de forma simultanea: Conflictos armados, persecución y reclutamiento forzoso; Colapso socioeconómico y falta de horizontes educativos; Proyectos de reagrupación o supervivencia familiar (Familias que invierten recursos en enviar a un menor para evitar su reclutamiento o la violencia, y posibilitar una posterior reunificación, o menores huérfanos que buscan a familiares en terceros países); también el impacto climático y degradación ambiental, como las sequías recurrentes, desertificación e inundaciones que destruyen los medios de subsistencia rurales”. Y afirman: "La respuesta en nuestra frontera sur vulnera el derecho internacional: Bajo la lógica de controles acelerados del Nuevo Pacto de Migración y Asilo, nos preguntamos cuántas devoluciones masivas se están aplicando en Ceuta sin garantías, sin el estudio individualizado de cada expediente. Tras dos meses de colapso e inacción, la respuesta jamás debería ser la devolución sumaria. Pero tampoco debe ser el abandono de los territorios de frontera, que soportan toda la presión migratoria. La saturación de los recursos asistenciales empuja a menores a vivir en la calle —lo estamos viendo en Melilla—, desamparados y expuestos a la violencia, vulnerando la obligación legal de tutela. El artículo 3 de la Convención sobre los Derechos del Niño fija el interés superior del menor como principio innegociable. Una sociedad que desprotege a la infancia se condena moralmente a sí misma.
Y acabaron preguntándose: “Ante este retroceso: ¿Acaso hemos olvidado el deber legal y ético de proteger a la infancia? ¿Qué tipo de sociedad construimos si la única respuesta es expulsar el problema al otro lado de la frontera? ¿Qué clase de civilización externaliza el control y la protección a países sin garantías democráticas, donde los menores son hacinados, perseguidos o devueltos al horror del que huían?” . A lo que responden, “Ante esta emergencia humanitaria no cabe responsabilizar a las víctimas. Exigimos con urgencia: 1. Un reparto interterritorial vinculante, solidario y automático entre todas las comunidades autónomas para aliviar a Canarias, Ceuta y Melilla. 2. Fin inmediato a las devoluciones sumarias y a las expulsiones sin previa identificación pericial y jurídica individualizada. 3. Garantía efectiva de tutela pública: recursos de acogida digna, apoyo psicosocial, escolarización y acceso real a la protección internacional”.
