El diácono jesuita José Alberni ha servido a la diócesis de Málaga los últimos 15 años en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en plaza de San Ignacio, en la capital. Ahora, tras partir a Salamanca para cuidar su salud, cerca de cumplir 90 años, envía una carta a los feligreses con los que ha compartido su fe.
Queridos feligreses:
No el mucho saber harta y satisface al anima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente, dice san Ignacio en sus Ejercicios Espirituales. Mi alma está harta y satisfecha después de mi paso por Málaga cuando, desde el 11 de octubre de 2011 en que llegué, he podido sentir y gustar tanto.
El templo ya llevaba un año restaurado y me fue encomendada la misión de encargarme de la iglesia, de hacerla caminar con alegría y esperanza. Estos 15 años que he pasado en esa bella ciudad tan llena de vida han estado colmados de muchas vivencias que me llevo guardadas en el corazón.
En el servicio como diácono he animado las eucaristías, procurando siempre que fuesen vivas, alegres y que diesen muchos frutos a tantos y tantos feligreses que acudían cada día al templo. Durante estos años hemos podido comprobar en las misas cómo, en palabras de san Agustín, quien canta, ora dos veces.
Casi todos los sábados he tenido la alegría de celebrar el sacramento del matrimonio a muchas parejas que acudían a la iglesia de los jesuitas animados por su belleza y nuestro carisma. También algunos bautismos en nuestras parroquias.
Puntualmente, a las 7 de la tarde, cada día, juntos pedíamos a la Virgen que nos pusiese con su hijo rezando el rosario y cada viernes, en la adoración al Santísimo hemos alabado al Dios de la Vida, a nuestro Salvador y Redentor.
Y por todo ello, como también diría nuestro padre san Ignacio, solo puedo decir gracias por tanto bien recibido. Gracias a todos vosotros y vosotras que siempre habéis estado a mi lado ayudándome y acompañándome. Gracias al equipo de lectores, monitores y a quienes pasáis la colecta que tanto bien hace. Gracias a mis grupos de iniciación a la experiencia de Dios que, con su cercanía, me habéis demostrado que Dios es Amor, cercanía y amistad.
Ahora me toca pasar a otra etapa de mi vida: estoy en Salamanca cuidando de mi salud y preparándome para cumplir 90 años.
Os llevo siempre en mis oraciones y me acuerdo afectuosa y cariñosamente de vosotros. Os pido que pidáis a Dios por mí y que, cada vez que podáis, llevéis mis intenciones a las plantas de Santa María de la Victoria y pidáis al beato Tiburcio Arnaiz que ruegue a Dios por mí.
Agradecido en Cristo, como diría Pedro Arrupe: Para el presente amén, para el futuro, aleluya. Todo a mayor gloria de Dios.
De nuevo, gracias por tanto bien recibido.
José Alberni, diácono.
