El sacerdote diocesano Juan Manuel Barreiro (Islas Chafarinas, Melilla, 1958) lleva viviendo más de 30 años en las tierras de la Misión Diocesana de Venezuela. Las dificultades económicas y políticas que sufren le han impedido venir a visitar a la familia y los amigos en los últimos años y este verano ha conseguido liberar unos días para conocer en persona al nuevo obispo, Mons. Satué, y regresar a su Málaga y a su Melilla.

«Dios está muy presente en el pueblo venezolano»
Juan Manuel Barreiro E. LLAMAS

Es usted el corazón misionero de esta diócesis, el sacerdote diocesano que permanece en la Misión Diocesana. ¿Cómo está la situación en Venezuela?

Muy difícil. La población vivió un alegrón cuando el gobierno norteamericano extrajo a Maduro, pero han dejado a los mismos gobernando y, además bajo su patrocinio. Esto ha supuesto un desaliento en la población, a lo que se suma que la situación económica es muy complicada. Nuestra misión está formada por dos parroquias que funcionan como una unidad pastoral, Nuestra Señora del Carmen en La Urbana y Nuestra Señora del Valle en Morichalito (Los Pijiguaos), ocupando el extremo Sur-Occidente del Estado Bolívar y de la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar, con una extensión territorial en torno a los 15.000 kilómetros cuadrados. Estamos muy en el interior del país, somos la periferia de la periferia y la pena es que, tanto adultos como jóvenes y niños, y hasta sacerdotes, están deseando salir del país. Es muy complicado vivir en la situación que vivimos.

Pero usted permanece en la misión, ¿cuántos años hace que se marchó?

Desde 1990, unos cuantos. A nuestro querido D. Ramón Buxarrais se le ocurrió la bendita idea de enviarme ese año y allí sigo muy feliz, la verdad. Echando mucho de menos a los compañeros. Ya se han cumplido cinco años del fallecimiento de nuestro querido padre Manolo Lozano. El próximo 12 de diciembre celebraremos 40 años de la misión diocesana, que comenzó con los padres Agustín Zambrana, José Pulido y Manolo Lozano. José y Manolo nos acompañan ya desde el cielo.

¿Qué lo lleva a permanecer en Venezuela?

El Señor. En Venezuela hay un dicho muy conocido: “con Dios y la Virgen, a todos lados”, y así es, de otra forma no se entiende. A veces me miro en el espejo y me digo, “Juan Manuel, ¿qué estás haciendo aquí?”, y me respondo: “la voluntad del Señor”.

¿Qué radiografía haría de los pueblos con los que comparte su vida?

El pueblo vive una situación de sufrimiento prolongado. Han sido 28 años de un régimen que ha sometido al pueblo. Esto ha provocado un gran éxodo de más de ocho millones de venezolanos que han salido del país. Y eso es muy duro para este pueblo, pues son gente apegada a su tierra. Pero la necesidad ha sido superior a cualquier otra cosa. Muchas veces, me siento un tanto frustrado por no poder aliviar la tristeza en la que vive el pueblo, por la falta de futuro. Un pueblo que es alegre por naturaleza. Toda esta situación deja también marcas espirituales. Las siento en la comunidad eclesial en la que sirvo. Pero, pese a tanta desesperanza, es un pueblo muy generoso que se levanta una y otra vez.

Son varios los proyectos de desarrollo que tienen en marcha en la misión. Con la situación económica actual, ¿cómo los sostienen?

Se han visto muy limitados por los problemas económicos, la dificultad de las comunicaciones, las malas carreteras, la falta de combustible…

¿Qué le pide a la Iglesia de Málaga?

En primer lugar, que sigan rezando por la misión, que tiene acento malagueño. Cuenten con ella, no se olviden. En segundo lugar, que colaboren, como vienen haciendo, en las necesidades de esta sociedad tan quebrada pero fuerte para seguir adelante y esperar los tiempos nuevos.

Después de tantos años, ¿le sigue sorprendiendo el pueblo venezolano?

Yo siempre digo que Venezuela me acogió con un abrazo caluroso. Y después me cautivó el corazón y yo se lo presté. Después de tantos años, sigo aprendiendo de este pueblo, de su alegría, su sencillez, su nobleza…

¿Cómo se sigue recuperando el país del terremoto reciente? Ya nos contó que en la misión, por estar tan al interior no lo sintieron, pero han estado disponibles para toda ayuda.

Así es. Se está recuperando con dificultad. Sobre todo porque hubo muchas dificultades oficiales para que llegaran los envíos humanitarios desde fuera, hemos sido los propios venezolanos (yo tengo la doble nacionalidad) quienes hemos salido al paso de las necesidades. De verdad que fue una situación que vivimos con mucha emoción y la gente está muy agradecida por esa red de ayuda que continúa activa.

¿Ve presente a Dios en la misión diocesana, Juan Manuel?

Constantemente porque se me presenta como niño, niña, hombre, mujer, indio, criollo… Dios está muy cercano, muy presente.

¿Cómo lo reciben sus compañeros sacerdotes cuando viene de vacaciones?

Encuentro en ellos el cariño y la comprensión, otra cosa es que me hagan caso cuando los invito a venirse a la misión (sonríe), pero en mis hermanos sacerdotes y en toda la Iglesia de Málaga y de Melilla encuentro la acogida de mi familia.