Aceptar la muerte como lo más natural y la vida como lo más deseable es posible con la ayuda de buenos profesionales como los que atendieron a Antonio Segura, un enfermo terminal cuya historia publica el periódico El Mundo en un reportaje al más puro estilo snowball.

Morir como lo + natural

Tanto el tema de la muerte tras una larga y dolorosa enfermedad, como el reportaje de El Mundo: "Creí que tendría miedo, pero no", destilan novedad en el enfoque y el estilo de redacción. Se trata de una doble experiencia, que ayuda a comprender la realidad que nos rodea desde una perspectiva novedosa, adaptando las últimas innovaciones médicas y de la narrativa periodística al caso que se nos relata.
El artículo revela cómo desde el punto de vista médico el enfermo acaba sus días asistido por cuidados paliativos que mejoran su calidad de vida durante las últimas jornadas. Desde el punto de vista periodístico, la relación/comunicación entre periodista, entrevistado y lectores enriquece la historia.
Desde el rincón de un hospital, Antonio declara su amor a la vida y su valor ante la muerte, los periodistas se acercan al entrevistado con el respeto y admiración que su persona inspira, y el lector aprecia un reportaje multimedia donde la esperanza y el optimismo impregnan la historia hasta el desenlace final.
Felicito a los autores por el enfoque, la elección del tema, el descubrimiento del personaje y la narración; sin lugar a dudas tan alejada de las dramáticas y sensacionalistas presentaciones de enfermos terminales que como Ramón Sampedro, defendían la muerte como solución, en lugar de considerarla un reto o algo tan natural como temido por quien ama la vida, a los suyos y a si mismo.
Gracias al periódico El Mundo por publicar sobre la muerte desde otra óptica diferente a la que hasta ahora dominaba la agenda de los medios de comunicación, porque ésta realidad coincide con la de una población mayoritaria, silenciosa y valiente que afronta tanto la vida como la muerte con la dignidad de quien vive una sola vez. Antonio Segura, como tantas y tantas personas, vivió una vida que merecería la pena repetir, y aceptó la muerte viviéndola y compartiéndola generosamente con los demás.