Presentar las cuentas de la Iglesia Católica es sano ejercicio de transparencia. Lo viene haciendo la diócesis malacitana desde hace años. Antes que apareciera la Ley de Transparencia. Conviene que se conozca la gestión económica de la Iglesia local. A ella pertenece más de un millón y medio de católicos si sumamos los habitantes de Málaga, su provincia y Melilla.

El gran activo

No obstante, siendo importante el dinero el gran activo de la diócesis de Málaga es su gente. El pueblo es lo mejor que tiene la diócesis.  Personas que con su fe y sensibilidad ofrecen diaria, anónima y comunitariamente el rostro bello de Dios. El Hogar Pozo Dulce, para personas sin hogar; la residencia Buen Samaritano, para ancianos; la residencia de Colichet, para enfermos de SIDA; los apartamentos Tomás de Cózar, para personas que necesitan una vivienda o la Casa de la Merced, para reclusos son algunas de las iniciativas sociales directamente gestionadas por la Iglesia Católica en Málaga. Amén de otras iniciativas: Cottolengo o Proyecto Hombre.  Si a estas realidades le sumamos el asociacionismo católico que, por regla general impulsa obras sociales como la Fundación Corinto o Proyectos de desarrollo, descubrimos que en Málaga hay muy buena gente.  Buenos cristianos. Por sus obras los conoceréis. Católicos convencidos de que otro mundo es posible.  Hospitales, escuelas o universidad en la diócesis de Málaga ofrecen todo un panorama social y educativo sin parangón. Un escenario, que Podemos quiere definir, si llegasen a gobernar, de otra forma: quitando a la Iglesia Católica la gestión de escuelas, hospitales, residencias… Pues muy bien.  Que midan las fuerzas y las palabras.

No existe ninguna institución no gubernamental en España que mantenga con tan altos índices de calidad tantos proyectos que tocan múltiples vidas: de prostitutas, inmigrantes e indigentes; de desahuciados, ancianos o enfermos; de estudiantes, reclusos o mujeres maltratadas.  En Málaga y en la piel de toro esa realidad es posible gracias a los centenares de católicos  impulsados por su fe en Jesucristo.  Personas convencidas de que el amor a Dios pasa inexorablemente por el amor al prójimo.  Si no es hipocresía.  Personas que semanalmente celebran su fe y conocen los fundamentos de ésta.  No existe ningún colectivo que se reúna de manera tan nutrida cada siete días. Y es que sin el cultivo de la experiencia con Jesucristo sería incomprensible y efímera la vitalidad de la Diócesis de Málaga.