Un año más he vivido, afortunadamente, la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, la patrona del mar. Este es un día grande, es un día de gran popularidad en toda nuestra costa.
Yo que tengo la fortuna de vivir en Rincón de la Victoria, el día de 16 se vive intensamente.
Comienza con el Rosario de la Aurora, haciendo un recorrido por el barrio de pescadores, llevando en procesión a nuestra Señora del Carmen. Este año por primera vez se ha procesionado en dicho acto a la Virgen del Carmen que se encuentra en la Hornacina del Tajo. Por cierto, haciendo un inciso, este lugar es punto de referencia cuando paseamos por el paseo marítimo, si nos citamos con alguien solemos decir para encontrarnos «voy hacia la Virgen» o bien «vuelvo de la Virgen». El Rosario de la Aurora finalizó con la Misa de Alba en la Hornacina del Tajo. Ya por la tarde, y como es preceptivo, la Santa Misa en honor a la Virgen del Carmen y, como es habitual, su posterior procesión hasta embarcarla en su mar, para que haga el recorrido por la costa. Desembarcó otra vez a tierra y regreso a su Templo.
Todo esto relatado así, es rápido, pero el cansancio de los hermanos al final es bien notorio, la jornada es intensa. Pero... siempre por desgracia en esta vida tiene que haber un pero, y ese lo ponemos las personas. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo, cuando se abren las puertas de la Iglesia para que entren a ¿celebrar? la Santa Misa, lo hacen "como elefante en cacharería", con un escándalo impresionante, sin respetar el lugar, y ante todo sin respeto alguno a la presencia del Señor en el Sagrario.
Es triste que haya que llamar la atención para que se callen y aún así, ni caso y te miran como a un bicho raro. Una fiesta tan devota y popular la convertimos en populachera. ¡Qué pena!
Quiero acabar con un "VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN".
