Se habla poco de la esperanza. Demasiado poco. A veces me da en la nariz que tenemos un serio interrogante sobre nuestro futuro y nos hemos instalado sólo en el presente. De la esperanza nada de nada. Cuando sin esperanza la vida se vacía. Es una pena. Y además una trampa.
Si eliminamos la esperanza como realidad positiva y prometedora ¿para qué vivir mañana y vivir un costoso día? Somos presente. Pero también somos futuro. Somos mañana. Nuestra sociedad cada vez con más frecuencia es proclive a lo negativo. Digamos en voz alta que el horizonte existe mientras esperemos y contemplemos cada amanecer. Digamos en voz alta que el ser humano tiene futuro. Un futuro que se escribe diariamente en cada vida que nace, en cada sonrisa, en cada gesto de amabilidad, en cada resolución de conflictos.
