Algunos manifiestos antigubernamentales hechos públicos en los últimos días, acusan al ejecutivo, textualmente, de “falta de ideas”. Se refieren, claro, a los recientes recortes económicos aprobados por el Congreso a propuesta del gobierno.

Llanto por las ideas

Conviene meditar sobre este punto; sobre esa falta de ideas que, efectivamente, se echan de menos tanto aquí como en el resto de ese mundo conocido como civilizado. Las ideas surgen en la sociedad como madres de ideales y éstos- los ideales- llaman a nuevos proyectos, teóricamente al menos, altruistas e ilusionantes. Siempre ha sido así. Es difícil establecer prioridades. O sea, saber quienes aparecen primero, las ideas o los ideales. 

Centrándonos en la actualidad, resulta evidente que una visión general sobre nuestra cultura produce sensación de vacío. No acaba uno de percibir el impulso moral aglutinante de nuestra época. Sólo se capta un discurso monótono, frio y repetitivo; dinero en un horizonte de placer y de autoseguridad. Los restos de aquellos ideales antiguos, los que materializaron las llamadas izquierdas y derechas, languidecen sin nada nuevo que las revitalice o sustituya por otras acordes con los impulsos eternos del ser humano.

Un gran pensador cristiano, Shafer, decía, certeramente, que «hay muerte en la ciudad porque los corazones han prescindido de Dios». Otro filósofo de la misma generación que Shafer, Willians James, presenta a Dios como una opción válida si resulta útil. Útil, sólo útil. Sí; nuestras ideas se marchitan en un utilitarismo asfixiante donde sólo caben planificaciones económicas. En definitiva de ellas emanan los ideales que, entre todos, hemos elegido.