Recordamos por estos días una triste efemérides: la muerte a bocajarro de aquel joven vasco cuya único delito había sido confundirse de patria: Miguel Ángel Blanco.
Los malos recuerdos enturbian el alma, tanto de manera individual como colectiva. Por otra parte, sólo el olvido precede al perdón. Ocurre que las circunstancias o, mejor dicho, el trasfondo cultural que propició la muerte de Miguel Ángel, continúa vigente, vivo en las expresiones e intacto en las propuestas. Por lo tanto, potencialmente idéntico. O sea, todo resulta tan repetitivo como doloroso. Por ello, de nuevo vuelve caminar por España aquel espíritu fratricida -de momento, sólo eso- que Antonio Machado denominó “la sombra de Caín”. Pero parece evidente que más de ochocientos muertos, de cuya autoría pocos han renegado, y el buen recaudo de las armas, certifican que esa sombra colea bastante viva por los entresijos del odio.
Es difícil encontrar, a lo largo de toda nuestra atormentada historia, el momento en el que, según determinadas instituciones, se produjo la invasión española a Euskalerría. O sea, lo peor de esta guerra solapada es que, con objetividad, nadie la entiende.
En fin, ahí anda el cadáver de Miguel Ángel Blanco vivo, claro, en el recuerdo de sus allegados; convertido en mito para muchos, cosa inevitable si se tiene en cuenta la extrema crueldad de su muerte, y, en cualquier caso, formando frontera entre dos concepciones de la patria vasca.
La patria, un concepto de difícil concreción. Nació envuelta en los lejanos ideales del XVIII cuando el rey condensaba en su persona los caminos y las decisiones de los pueblos. Hoy es una evocación, un deseo, una tierra para la nostalgia. Cuando el mundo se desborda por encima de cualquier raya fronteriza, urge ponerle nuevos límites. Es necesario. El Señor Jesucristo sí marcó una frontera indeleble: la del amor y el entendimiento entre las naciones, los Estados y los seres humanos. Conviene que un día declaremos entre todos una gran antiguerra. La del conocimiento y la fraternización. El Señor bendecirá los frentes. Seguro.
