Cada verano se nos plantea a los creyentes la celebración dominical lejos de nuestras comunidades.

Celebrar en vacaciones

Nos ponemos a la búsqueda de la Eucaristía cercana, pero teniendo buen cuidado de que no se trate de la Misa de cumplimento y que, además, sea aprovechable por toda la familia, niños incluidos. 

A lo largo de muchos años he podido participar de celebraciones en la playa, en el campo, en campamentos de verano y en las parroquias de los pueblos cercanos a los lugares de descanso. En dichos lugares solemos encontrarnos con sacerdotes que tienen que celebrar siete u ocho eucaristías cada fin de semana, con el consiguiente cansancio y tendencia a hacerlo lo mejor posible dentro de la posibilidad de caer en la rutina.

Estimo que los fieles tenemos mucho que aportar –si nos dejan-. Podemos hablar con los más jóvenes para que preparen las canciones y las lecturas, los niños que participen como acólitos, e intentar que los mayores abandonen la actitud pasiva para convertirse en actores y no meros espectadores.

He podido observar, especialmente en algún pueblo costero onubense, como el esfuerzo de todos consigue cambiar una desabrida plaza en una hermosa catedral en algunos fines de semana veraniegos. A veces por iniciativa del celebrante y otras por la participación activa de los fieles.

Otrora, en la costa oriental de Málaga, hemos aprovechado los minutos posteriores a las eucaristías, especialmente los días de diario, para hacer un repaso de “chapa y pintura” con la puesta en común de las ideas del Evangelio del día. 

Creo que nos quedan cosas que hacer.