Hay una necesidad vital y generalizada de formar parte de algo que nos aglutine por encima del individualismo de cada día.

La roja

Una semana vociferante. Triunfo colectivo, nacional, de “La Roja”. Alguien –un poeta sin duda- dijo que los españoles éramos la gente del dos de mayo pero no del tres. Con toda seguridad, las cosas siguen igual que cuando habló aquel poeta. Los poetas tienen la sensibilidad a flor de piel; sus diagnósticos suelen ser certeros. Pero con independencia de eso, creo que el estado “interior” del hombre medio occidental no es, en general, muy distinto de la supuesta idiosincrasia española. O sea, en cualquier lugar hubiera ocurrido lo mismo.

Los sentimientos se van haciendo iguales con independencia de las geografías, Es que hay una necesidad vital y generalizada de formar parte de algo que nos aglutine por encima del individualismo de cada día. Dicho de otra manera, la orfandad actual se difumina cuando el individuo comparte sentimientos generales. Al ser humano contemporáneo le han pasado la brújula que antes estaba en las manos de Dios y no sabe manejarla. Por eso, cuando llega la ocasión, siente la necesidad de adorar ídolos, crearlos y cobijarse en medio de una masa de adoradores.

La cultura actual ha nombrado al hombre dios de sí mismo. Pero no sabe cómo superar el vacío existencial que eso lleva consigo. Los dioses, desde la antigüedad, andan solos y crueles por el Olimpo. La masa es gregaria pero, a la vez, acogedora. La ausencia de Dios crea la necesidad de dioses o héroes… San Agustin clama a Dios: «Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti».