Un bebé sobrevive en Brasil, a pesar de que su peso al nacer fue de 360 gramos y 27 centímetros. Su mamá dio a luz al quinto mes de embarazo, pero Carolina, que así se llama la niña, ya está en casa con sus felices padres.

El milagro de la vida

El pasado domingo, día 1 de julio, en la lectura del libro de la Sabiduría 1,13-15; 2, 23-25 se nos recordó que Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción. Todo lo creó para que subsistiera, para la inmortalidad. La muerte entró en el mundo por la envidia del maligno. Esa lectura nos debe hacer pensar en lo maravilloso de la vida y en lo que el maligno sigue haciendo día a día.

Esta reflexión me la hice al leer una noticia que nos reconcilia con el ser humano -tan deshumanizado tantas veces-. Un bebé sobrevive en Brasil, a pesar de que su peso al nacer fue de 360 gramos y 27 centímetros. Su mamá dio a luz al quinto mes de embarazo, pero Carolina, que así se llama la niña, ya está en casa con sus felices padres, tiene seis meses y ya pesa 3,3 kilos. Según el artículo, el récord del mundo lo tiene Amilia, una niña de Florida que nació con sólo 21 semanas de gestación, pesó 284 gramos y 24,13 centímetros. Ya tiene 5 años.

Con esto quiero llegar a decirles a todas las ¿personas? que están a favor del aborto, basándose de manera engañosa y torticera, diciendo que no hay persona, hasta no sé cuándo, que ahí está el milagro de la vida y que noticias como éstas nos ratifican a todos los que defendemos la misma desde el primer momento de su concepción.

Aún recuerdo los saltos que daban en sus escaños varias ministras socialistas cuando, desgraciadamente, se amplió la ley del aborto. Una de ellas osó decir que el feto no es un ser humano sino un ser viviente. En cuanto a esta ¿persona? tengo que decir que en ella sí que se cumple; es un ser viviente, no humano.

Esta noticia, deberían leerla todos los pro-abortistas para ver si recapacitan y, de una vez, se dan cuenta de que lo que "defienden" es la matanza de seres humanos indefensos. Si sus madres hubiesen pensado igual, ahora ellos no estarían en el mundo.

Como decía al principio, la muerte no la hizo Dios. Hay muchos malignos, desgraciadamente.