Aunque no es habitual, el perdón está de actualidad candente como consecuencia del tremendo debate suscitado por la llamada “vía de inserción de Nanclares”.
La pasada semana se cumplió el veinticinco aniversario de uno de los crímenes más horribles y de más difícil calificación que ha vivido la reciente historia de España; el atentado de “Hipercor”. En un momento desaparecieron las vidas de más de veinte personas y otras más resultaron mutiladas de por vida. Fue un atentado de ETA.
Todos los medios de comunicación se han ocupado ampliamente de ello. Era inevitable; las efemérides son parones en el tiempo. Parece como si fuera posible detenerlo para vivirlo de otra manera. Quizá, y como suele ser habitual en el contexto cultural contemporáneo, ha faltado el análisis. El análisis es, o debe ser, esencia del recuerdo. Interesa, en este caso, la aparición de un término no precisamente habitual en el relato periodístico; me refiero a la palabra “perdón”. Algunos se han preguntado por la oportunidad de perdonar a los que cometieron aquella salvajada. En general, claro, las opiniones dependen de la proximidad con las víctimas o de la experiencias personales de quienes las emiten. Nada más natural, es decir, nada más lógico.
Quizá sea éste un momento ideal para preguntarse por el tan debatido asunto del “perdón”. Llegaremos a la conclusión de que es indefinible. Escapa a la propia naturaleza humana. El perdón es patrimonio de esa esfera espiritual que el ser humano percibe pero no controla. Como el amor, por ejemplo. La Biblia distingue con precisión. En el mandato del Antiguo Testamento dice: “ojo por ojo; diente por diente”. Equilibrio perfecto. Dicho de otro forma: “el que la hace la paga”. Para ser exactos, la paga en cantidad igual al daño causado”. Ni más ni menos. Bajo Jesucristo, las cosas son distintas. Dios ha entrado en la esfera del hombre. Y el hombre puede hacer cosas que sólo estan en la potestad de Dios. Con Jesús al lado, el hombre hace cosas insólitas, casi divinas.
Aunque no es habitual, como queda dicho, el perdón está de actualidad candente como consecuencia del tremendo debate suscitado por la llamada “vía de inserción de Nanclares”. Quizá merezca la pena volver sobre ello.
