España, en estos días, deja de llamarse país, para volver a llamarse España. ¡Qué milagros hace el balompié!

Eurocopa

Como hace dos veranos, ya estamos todos eufóricos y llenos de patriotismo barato. ¡Ya comenzó la Eurocopa! Todos orgullosisimos de ser españoles. Las banderas rojigualdas ondean en los balcones, sin ningún complejo, incluso en los de aquellos, que en cierto momentos y manifestaciones, la consideran un signo facha. Pero no importa, se envuelven en la bandera y mañana, si hay que denostarla, se hace. ¡Qué más da!

España, en estos días, deja de llamarse país, para volver a llamarse España. Sí, señor, orgullo patrio. ¡Qué milagros hace el balompié! Durante quince días al menos, a todos nos une la Roja, seamos de una idea o de otra. Si España mete un gol, hace que en el aborregamiento, nos felicitemos unos a otros, aunque cuando acabe la copa volvamos a las andadas. Bueno, estoy hablando en plural y sin embargo, yo me apeo del mismo, pues con copa o sin ella, me defino, española, andaluza y malagueña, por este orden y los trecientos sesenta y cinco días del año. Y por supuesto, mi amor y respeto a mi bandera y a mi himno.

Por lo menos estos días, a todos nos une un sentimiento español. Cuando todo acabe, desgraciadamente, se volverá a las radicalizaciones. No olvidemos que quizás muchos de los espectadores que tararean el himno español al comenzar los partidos puede que a su vez, pitaran el mismo, en la reciente copa del Rey. España es diferente.

Que Dios nos ampare, que buena falta nos hace. Y, ya puesta a pedir, que se gane la Eurocopa.