Estoy seguro de que miles de cristianos nos hemos alegrado de la absolución de este cantautor. El perdón es signo de nuestra personal identidad.

El caso del señor Krahe

El cantautor Javier Krahe ha quedado absuelto de un delito de ofensas a la religión cristiana. Viene en casi todos los periódicos. No creo que merezca la pena remontarse a los hechos para pormenorizar los términos de la ofensa. Entre otras razones porque sólo se lograría profundizar en la herida o abrirla de nuevo.

Quizá merezca la pena precisar que no fue exactamente un ataque a la religión cristiana sino al propio Señor Jesús. Este tipo de acciones se enmarcan en un contexto de ignorancia- de ignorancia religiosa, quiero decir- más que en deseos expresos de ofender.

A los apóstoles, evangelistas y, si puede decirse así, biógrafos de Jesús, se les ha estudiando tanto y de tantas maneras que es imposible encontrar una rendija propicia y seria para la ofensa o la burla. Más bien ocurre que, en este momento cultural de occidente, se considera a la religión un freno al desarrollo integral de los pueblos. Es lo que quiere darse a entender con el término “progresista” como opuesto a “conservador”, donde se supone que están encuadradas todas las religiones opresoras, mediante normas y dogmas, de la libertad humana. Luchar contra ellas – o ponerlas en evidencia mediante burlas- es, por el contrario, una noble lucha. Naturalmente las cosas nunca funcionan con esta sencillez. Gran cantidad de autodenominados progresistas, lo son en la medida en que ello produce popularidad y dinero.

No estoy en condiciones de suponer ni remotamente que sea éste último el caso de Krahe. Digo que, en general, algunos casos funcionan así. Estoy seguro de que miles de cristianos nos hemos alegrado de la absolución de este cantautor. El perdón es signo de nuestra personal identidad. ¡Ah! Para terminar, el Evangelio y las cartas apostólicas son tan progresistas que, quizá, su modernidad no haya llegado a ser suficientemente comprendida por el siglo XXI.