Los mayores vivimos de los recuerdos y añoramos unos tiempos pasados que, en ocasiones, fueron mejores. Creo que debemos presentar al Santísimo de la forma más cercana y sencilla posible.

Corpus Christi

Nos han jeringado aquellos prebostes que han decidido cargarse aquellos hermosos “tres jueves en el año que relucen más que el sol”. Está claro que el Señor no tiene calendario y está presente en la Eucaristía esperándonos siempre. Pero las personas nos movemos por sentimientos, más acendrados unos días que otros.

Hoy vuelven a mi mente aquellos Corpus que vivíamos de una forma excepcional en mi familia. Los mayores se ponían sus mejores galas; a los niños nos habían comprado la ropa “de los domingos” del verano que estrenábamos aquél día. Nuestros pies estaban enfundados en unas sandalias blancas adquiridas en Segarra, en Chaparro o en Sublime. Para evitar rozaduras nos ponían unos calcetines cortos de perlé blanco. Y antes de ponernos verdes por la manipulación de las juncias con que alfombraban las calles por las que discurría la procesión, nos hacía una foto en el Monumento de la Plaza de la Marina un fotógrafo ambulante que andaba por allí (el padre de los Griñán).

Toda esta parafernalia estaba enfocada hacia la carroza que transportaba al Santísimo Sacramento, centro de la vida de los cristianos, rodeada por el pueblo de Málaga que participaba de la procesión o la presenciaba con respeto. En los balcones colgaban colchas, mantones de Manila y en algunos casos dignas y limpias sabanas de blanco impoluto.

Hoy en día se celebra igual. Bueno, parecido. Ya no vamos las familias completas, la mayoría (dado que es domingo) se van a la playa o de turismo todo el fin de semana. Al final asistimos los de siempre. Jóvenes, pocos.

¿A qué viene este rollo en blanco y negro? A que los mayores vivimos de los recuerdos y añoramos unos tiempos pasados que, en ocasiones, fueron mejores. Creo que debemos presentar al Santísimo de la forma más cercana y sencilla posible. Creo que debemos coger de la mano a nuestros nietos y comentarles que es LA PROCESIÓN. Y llevarles. La única en la que realmente se encuentra Jesús. Sin desmerecer en absoluto las demás.

Me he quedado a gusto. Aun nos queda el derecho al pataleo. Reivindico los tres jueves en el año que relucen más que el sol.