El Encuentro Mundial de las Familias celebrado el fin pasado en Milán ha sido realmente un canto de alabanza a Dios por el don de la familia.
La Iglesia da gracias a Dios por la familia. Todos cantábamos con fe en la vigilia de oración en la catedral de Milán: "Tu hermosura se manifiesta en todos los padres y madres"; "cada familia te da las gracias por todos los dones que Tú le das"; "fiesta y trabajo, gozo y fatiga. Tú nuestra vida, Señor Jesús"; "a ti te pedimos: venga tu reino. La humana familia ya te espera"; "te pedimos por las familias: da pan y trabajo"; "paz de las almas, fiesta de vida y gozo pleno"...
El encuentro ha sido expresión de comunión eclesial y una referencia para continuar viendo la vocación al amor como don de Dios. Las palabras del papa Benedicto XVI, siempre luminosas, supieron transmitir serenidad, esperanza y confianza a todos los participantes. Ambiente de oración y de fiesta; de comunión en la pluralidad. La imagen del encuentro: padres, madres, hijos, abuelos... todo el camino, unidos, afrontando con esperanza las dificultades.
A todos nos sorprendió la sencillez, la profundidad y la espontaneidad del Papa en la fiesta de los testimonios: las preocupaciones de las familias encontraron una respuesta cercana, lúcida, transcendente por parte del Papa. Sin duda la experiencia de Milán dará fruto en las familias y hará fecunda la vida de la Iglesia.
