¿Qué habría pasado si ante la primera reclamación del IBI hubiéramos pedido el recibo para pagarlo de inmediato? Es injusto e ilegal, es un robo, pero el Evangelio nos invita a ello.
Dirán ustedes que soy muy poco original utilizando de nuevo una de las míticas frases hechas de Cruz y Raya para titular mi artículo. Pero es que siempre que pienso en economía –el artículo vuelve a ir de eso– se me vienen a la mente las largas conversaciones con mi querido amigo Emilio Saborido, diácono y ecónomo de la Delegación de Medios, a quien tanto gustaban estas ingeniosas frases y de quien aprendí que el buen humor, el mirar los problemas de frente, sin miedo y con una sonrisa de esperanza, es propio de la vida de los santos. ¿Verdad Emilio? Además, es que la frase me viene que ni pintada.
Mucho se ha hablado ya sobre el IBI de la Iglesia. En la web de la CEE encuentran ustedes argumentarios muy bien documentados que demuestran que en la exención del IBI de algunos (no todos) los edificios de la Iglesia no hay privilegios y que la protección legal de esta medida está amparada por acuerdos internacionales y leyes aprobadas por el Parlamento Español. Leyes y acuerdos todos ellos conocidos por los propios políticos que levantaron la liebre. Y es que, probablemente su intención no era tanto cobrar la pieza, sino entretenerse con los saltos y las carreras de la liebre, corriendo de un lado para otro sin saber bien por dónde vienen los tiros. Y así también, mientras la gente se entretiene viéndola correr, dejan de mirar hacia la inutilidad de unos políticos incapaces de aportar soluciones a los problemas reales del país.
Ante estos ataques, los cristianos no debemos tener miedo y debemos mirar las asechanzas con el buen humor del que nada tiene que temer porque el Evangelio, que esa sí que es una ley de mayor rango, lo ampara. No en vano, dice “Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames” (Lc 6, 29-30). Si el Señor nos invita a ello, ¿vamos a dudar de que Él estará a nuestro lado?
¿Qué habría pasado si ante la primera reclamación del IBI hubiéramos pedido el recibo para pagarlo de inmediato? Es injusto e ilegal, es un robo, pero el Evangelio nos invita a ello. ¿Qué mensaje habríamos trasladado a la sociedad? ¿De lado de quién se pondría la gente? ¿Y qué cara se les habría quedado a los que esperaban nuestros quiebros y carreras desbocadas? Seguramente se habrían aburrido y se habrían ido "hasta otra ocasión" porque, entre otras cosas, saben que no les sería rentable políticamente.
Así que, ya saben, cuando alguien vuelva a reclamar la no exención del IBI, mejor que adoptar una actitud defensiva, pasemos al ataque y pidamos entregar también la túnica. Como decía aquel: "Que no es por no ir. Si hay que ir, se va..." y lo que sigue.
