Este pasado domingo hemos celebrado el día del Apostolado seglar. Ello significa, ni más ni menos, que todos fuimos convocados por el Espíritu Santo, en nuestro Bautismo, a ser apóstoles.

Apostolado seglar

Unos lo ejercerán con mayúsculas y otros con minúsculas. Con esto quiero decir que no todos podemos ser, por ejemplo, misioneros. Toda mi admiración hacia ellos, que son capaces de dejarlo todo para el servicio a los demás, a veces, con peligros. 

Cada persona es llamada de una forma distinta, pero con un denominador común; debemos mostrar en nuestro ámbito, bien sea en el trabajo, en la casa, en la familia o en los momentos de diversión, que somos seguidores de Cristo. Hay mucho que hacer en el apostolado seglar. Catequesis, pastoral de la salud, cáritas, visitas a residencias de la tercera edad en donde la persona autorizada, puede acercarles el sacramento de la Comunión (acción muy gratificante para ellos), leerles el Evangelio y hacerles un ratito de compañía. También necesitamos políticos apóstoles que sepan actuar con rectitud y firmeza en estos tiempos tan convulsos, donde prima el hedonismo y la falta de valores. La escasez de sacerdotes, en muchos casos, hace cada vez más necesaria la colaboración del seglar. 

Debemos ser más participativos en nuestras parroquias, sobre todo los que ya vamos teniendo más tiempo. Y qué decir de las amas de casa, ahí tenemos todas nuestro apostolado doméstico, estando siempre dispuestas para atender en todo a la familia. Primero con nuestro marido e hijos y más adelante con nuestro marido y nietos. Siendo conscientes de que, en algunos momentos, no se aprecia nuestra labor. Pero que eso no nos impida, estar en nuestro sitio. Actuemos siempre de corazón. Ojalá se pueda decir en estos momentos de la gran familia de la Iglesia lo que decían de los primeros cristianos "Mirad cómo se aman".