"Uno de los nuestros”, así se titula la iniciativa popular en defensa de la vida, admitida por la Comisión Europea, para lograr la protección jurídica de la dignidad del derecho a la vida y a la integridad de todo ser humano desde el momento de su concepción.
Se necesitan un millón de firmas para promocionar la cultura de la vida frente a la tan difundida y alentada cultura de la muerte.
Si pienso en Jesús, se me ocurre que tengo claro de parte de quien está, y no puedo comprender la decisión de usar medios tan mezquinos, con los que algunas personas, obviando el derecho fundamental a la vida humana, dan muerte a un ser humano, que se encuentra en fase de desarrollo.
Sí, en esto no caben medias tintas, el que no está conmigo está en mi contra, dijo Jesucristo, y debemos preguntarnos ¿qué significa estar con Jesús? ¿qué implicaciones concretas tiene?
El Evangelio relata el puesto en el que Jesús colocaba a los niños, débiles en su sociedad y la nuestra, cuando dijo: Quien acoge a este niño en atención a mí, a mí me acoge; y quien me acoge a mí acoge al que me envió. El más pequeño de todos vosotros es el mayor (Lc 9, 48).
Pienso que es preciso alzar la voz con la óptica cristiana en todo esto, pues el asunto no es nimio sino que alcanza dimensiones impresionantes, por encima de los muertos por enfermedad, conflictos bélicos, etc. Y, además, sabemos que en ética, ningún fin por bueno que sea o parezca justifica medios perversos.
El derecho a la vida es el más fundamental de los derechos humanos. Violarlo, destruir una vida humana de cualquier edad o etapa de desarrollo, dentro o no del seno materno es un crimen contra Dios y contra la humanidad ¡Y no debemos callar!
