Su intervención en la final de la Copa de Europa fue decisiva. Como lo había sido en su partido previo de semifinales donde eliminaron al Barcelona. Su nombre: Didier Yves Drogba Tébily; su nacionalidad: Costa de Marfil; su edad: 34 años; su religión: católico ferviente.
Estos datos nos ponen en presencia de un mocetón de 1,89 metros apodado “The dog” (el perro), procedente de una familia africana humilde emigrante en Francia. Un niño de la calle que tuvo la suerte de tener un tío ex futbolista que lo introdujo en ese mundo. Pero lo más sobresaliente de este hombre es su solidaridad consecuente con su fe. En el año 2006 consiguió que un país entero entregara las armas.
La selección de su país, después de clasificarse para el Mundial de aquél año, concedió una rueda de prensa. En la misma, Drogba cogió el micrófono y lanzó el siguiente mensaje mientras se arrodillaba ante sus compañeros: “Ciudadanos de Costa de Marfil, del norte, del sur, del este y del oeste, os pedimos de rodillas que os perdonéis unos a otros. Perdonad, perdonad, perdonad”. Esta arenga posibilitó la firma de un alto el fuego entre el gobierno y los rebeldes, tras una estela de miles de muertos. En el 2009 entrego los 3,5 millones de dólares de un contrato publicitario para la construcción de un hospital de huérfanos de guerra de su país.
Aprieta mucho con el balón y nos ha jeringado la copa de Europa. Pero es un gran tipo que no duda en persignarse al salir al campo y en elevar una oración cada vez que mete un gol. Ha rezado un montón.
