Quizá merezca la pena una reflexión rápida y, desde luego, muy poco técnica, sobre la situación de nuestra cultura. Todo comenzó en Europa. Fue en Europa donde nació lo que hoy conocemos como “mundo occidental”.
La cumbre del G-8, que se celebra en Norteamérica -mítico camp David- marcará una nueva ruta en la economía del mundo. Se trata de encontrar un punto de equilibrio entre la austeridad y el crecimiento para terminar con la crisis imperante. La austeridad está marcada por el recorte de gastos a toda costa y el crecimiento exige la inversión, creadora de trabajo. ¿Qué debe hacerse? Es el gran reto de este momento en el que las ideologías tradicionales se enfrentan con un nuevo futuro. Y es curioso, los analistas, desde el “gurú” Krugman, premio Nobel de economía, hasta los más modestos comentaristas no logran ponerse de acuerdo.
El enfrentamiento entre Obama y la canciller alemana, Ángela Merkel, es representativo de dos concepciones del mundo: progresista y conservadora. La verdad es que ninguna encuentra el punto de partida ni, mucho menos, atisba la meta de llegada. Naturalmente, nadie propone un abandono de las capas sociales más humildes. Los progresistas estimulando el empleo -el superfluo incluso- y los conservadores concediendo ayudas mientras dure el bache.
Quizá merezca la pena una reflexión rápida y, desde luego, muy poco técnica, sobre la situación de nuestra cultura. Todo comenzó en Europa. Fue en Europa donde nació lo que hoy conocemos como “mundo occidental”. Y ese mundo vino marcado por una determinada concepción del hombre que es algo más que individuo.
La idea de igualdad entre los hombres, su identidad, marcada por la inalienable dignidad de la persona, acabó, a través de la lentitud de la Historia, con el mundo antiguo. Y fue el cristianismo quien engendró Europa. Ahora pretendemos que sea el euro quien suelde definitivamente al mundo moderno. Y no funciona. Las naciones, como los hombres, no se enlazan mediante el dinero, por poderoso que sea, sino por el espíritu, la justicia, el amor: los fundamentos del Cristianismo.
