Estoy seguro que mis padres que vivieron la preguerra, la guerra y la posguerra hubieran dado media vida por gozar de las circunstancias que rodean nuestra vida.

Tiempos difíciles

Parto de la base de que ninguna etapa que haya vivido la sociedad haya sido fácil o difícil. Hay que responder a la pregunta: ¿en relación con cuál de ellas? Siempre las ha habido mejores y peores. Estoy seguro que mis padres que vivieron la preguerra, la guerra y la posguerra hubieran dado media vida por gozar de las circunstancias que rodean nuestra vida. Pero creo que “cada perro tiene que lamerse sus heridas” y yo voy a reflexionar sobre la problemática que rodea al “segmento de plata”.

Pertenecemos a una generación cuyo nivel económico, de conocimientos, de relación, de integración en la sociedad, de libertades y de otras muchas condiciones vitales ha ido mejorando de forma gradual y constante. Así se desarrollo la segunda parte del siglo XX y los primeros años del XXI. El atentado de las torres gemelas en Nueva York marcó el inicio de una etapa de cambio y una vuelta atrás que no sabemos en donde va a acabar.

Pero hay algo más. Los mayores no estamos acostumbrados a la evolución en las costumbres, especialmente en lo referente a la unidad familiar. Habíamos asumido el paso de la familia patriarcal a la nuclear con ciertas reticencias. Pero bruscamente, apoyados fuertemente por los lobbys más influyentes- especialmente por los medios de comunicación-, han surgido nuevas expresiones de convivencia, nuevos intentos de planteamientos “familiares” que nos han desorientado. Es más, la facilidad con que se rompen o anulan las familias tradicionales, hasta el punto que hay más divorcios que bodas en nuestro país en estos momentos y estamos a la cabeza de las separaciones y divorcios per cápita de Europa, ha hecho mella ya en nuestros familiares más cercanos.

Otro tanto sucede con la “salida del armario” o sea el reconocimiento de sus tendencias homosexuales por parte de muchos que hasta ahora lo habían ocultado temiendo el rechazo de la comunidad.

Tenemos que estar preparados para ello. Tenemos que tirar de la tolerancia y la comprensión. Nuestra generación se ha movido en otra cultura, otros valores y otras ideas. Nos cuesta mucho trabajo entenderlo. Pero tenemos que tolerarlo y aceptarlo con el Amor y la mayor naturalidad posibles. Sin rasgarnos las vestiduras. Pero tampoco tenemos que entrar en el juego de aplaudirlos o sobrevalorarlos. Son decisiones personales que posiblemente hayan costado muchos sufrimientos a sus protagonistas.

Pienso que nuestra misión es acompañar, intentar comprender y, sobre todo, querer. Querer al estilo de Jesús de Nazaret.