Resulta difícil entender que las ideologías identificativas sean tan esenciales y opuestas que prefieran el desastre al pacto.

Los partidos democrátas

Pues si algún acontecimiento inesperado no cambia el rumbo de las cosas, los griegos irán a nuevas elecciones antes del verano.

Nunca sabremos si es el pueblo soberano el que no se pone de acuerdo o es ese archipiélago de minipartidos el que fragmenta la sociedad helena hasta el punto de impedirle pactar un programa de mínimos aunque sea coyuntural.

Desde luego, resulta difícil entender que las ideologías identificativas sean tan esenciales y opuestas que prefieran el desastre al pacto. Todo el mundo sabe, o lo intuye, que tanto las elecciones en sí como los periodos de incertidumbre que generan producen situaciones de parálisis muy difíciles de superar. Mucho más en momentos especialmente críticos. Además, a estas alturas de la historia los perfiles partidistas, las fronteras diferenciadoras entre un credo y otro empiezan a diluirse de tal manera que cuesta trabajo establecer las lindes.

De esa difusa realidad surgen movimientos como el 15M y tantos otros, juveniles sobre todo, que vocean un slogan no suficientemente comprendido, que se llama “Democracia real “ ¿Cuál es esa democracia? Nadie la ha perfilado. Nadie conoce su estructura. Sólo que una oleada humana creciente empieza a sentir gran hartazgo por lo que se llama “democracia representativa”.

La pérdida de valores, de los cimientos cristianos sobre los que se edificó la democracia que disfrutamos, deben volver o las relaciones democráticas serán una simple apariencia.