Los medios de comunicación, en la medida que son transmisores de testimonios, experiencias, ideas o emociones juegan un papel importante en la configuración social.

Nadie está excluido

En este sentido, la radio,  televisión, internet y las expresiones artísticas son vehículos privilegiados para la transmisión del Evangelio a una sociedad que desea conocer el rostro de Dios. De ahí que la participación por parte de los creyentes en los diferentes medios de comunicación sea necesaria para manifestar la faz bella y actual de Dios. Lejos de ser ingenuos, la tarea tanto de seglares, religiosos o sacerdotes en materia de comunicación es una labor de la que nadie queda excluido y que exige sabiduría, profesionalidad, prudencia y arrojo. Sabiduría para detectar los signos de los tiempos y hablar en un lenguaje comprensible para todos; profesionalidad para que lo que se realice se lleve a cabo desde el conocimiento del terreno que se pisa; prudencia para saber en cada momento qué y cómo hay que comunicar las cosas y arrojo para lanzarse a una sociedad ávida de Dios.