La Delegación de Gobierno de la Comunidad de Madrid autoriza la concentración de “los indignados” en la Puerta del Sol durante el próximo fin de semana.
Tratan de celebrar el primer aniversario del llamado “15 M” cuando ocuparon la plaza durante varios dias. Naturalmente se han producido opiniones para todos los gustos. Muchos estiman que no debiera permitirse y otros, bastantes menos, los que están a favor del permiso. La propia delegada del gobierno ha salido al paso explicando que cede porque así lo determina la ley. Pero algunos portavoces de los llamados indignados han hecho público un comunicado en el que niegan haber pedido permiso alguno.
No debe sorprender demasiado. En cierto modo, parece lógico. Los celebrantes del 15 de Mayo llevaban, y llevan, a cabo una protesta contra el orden constituido; es lógico que su rebeldía pierda fuerza popular si lo hacen bajo la protección de ese mismo orden. Pero, en realidad, ¿quiénes son “los indignados”? Con independencia de casos concretos, en su mayor parte, gente temerosa del futuro. Otros incapaces de superar el permanente reto que plantea una sociedad fuertemente competitiva donde triunfan los más audaces, los más fuertes, los más inteligentes, los de menos escrúpulos… Atrás van quedando los tímidos, débiles, los de menor capacidad… El mundo de las drogas, por ejemplo, no es más que una puerta trasera de esta cultura inmisericorde.
Es necesario repensar el mundo. Jesús, el Señor, dejó dicho: “El que no siembra conmigo desparrama”. Una observación atenta y sin prejuicios nos hará ver la veracidad y vigencia de estas palabras.
